Posteado por: paperdeboat | Junio 4, 2008

El Índice Acusador

En nuestra sección de documentales a lo Nachonal Yografics, presentamos hoy, para deleite de todo el mundo virtual, un documento en exclusiva sobre tribus urbanas. Hoy tenemos al comercial vestido con camisa y pantalones de pinzas, repeinado hasta la saciedad, que sale de trabajar y no sabe qué hacer con su vida. Se encuentra cansado, hastiado (sí, sí, hastiado ;)), perplejo y encuentra que su vida tiene poco sentido. Pero entonces, entonces, ve la luz. Pero vayamos por partes y comencemos por preguntarnos ¿qué hacen los comerciales bien vestidos y repeinados como si la lengua de una vaca le hubieran lamido la cabeza cuando salen del tajo?

Chán, chán, chán….

Viernes cinco de la tarde. Un sol aplastante hace su aparición. Tres sujetos salen de un edificio amarillo con la mirada perdida y sonriendo como auténticos gilipollas: acaban de finalizar sus semanas laborales. Es como si hubieran dejado atrás el infierno durante un par de días. Se disponen a investigar la fauna urbana como es habitual en ellos (es como un segundo trabajo, pero mucho más gratificante). Se montan (no, los unos sobre los otros no, que hay que desfogar, pero no a esos niveles) en un automóvil y viajan rumbo al país de la Piruleta de Fresa entre sollozos de júbilo (ni en Viven, oigan).

Viernes cinco y media de la tarde. Los sujetos se encuentran dentro del automóvil en pleno embotellamiento. Hay uno de ellos que se dedica a estudiar si hay algún conductor que esté bueno… para alegrarse la vista y eso. ¿Qué? Eso también es hacer documentales sobre la fauna urbana. Y, además, nunca ha ligado en un atasco y es una de esas cosas que se tienen que hacer una vez en la vida, como lo de plantar a un niño, escribir en un árbol y tener un libro (¿no era así?). A tenor de la poco generosa que ha sido la naturaleza con los conductores del embotellamiento, el sujeto se dedica, pura y básicamente, a desarrollar ese estupendo deporte de criticar. Y, además, con saña y cinismo. Vaaaaale, ese sujeto era yo. Pero la Ballantines y el Argentino me seguían el rollo, qué conste (a ver, que aquí todo el mundo queda salpicado).

La Ballantines: -A ver, hay algo que no entiendo. ¿Por qué los tíos tienen por costumbre eso de meterse el dedo en la nariz cuando van conduciendo?

El sujeto Paper gira la cabeza para visualizar tan horrenda escena y encuentra que el individuo en cuestión con el dedo en la nariz se encuentra a su altura, a un par de metros (perfectamente visible para un miope sin gafas como yo).

Argentino y yo (al unísono, si es que estamos predestinados. Lástima que sea hetero, coñe): -Puafff, qué asco (sí, vale, la frase no es muy original y no es como si los dos hubiéramos dicho a la vez algo superextraño que indicara que estamos hechos el uno para el otro. Caída de nube, pataleta de niño pequeño -yo quiero que sea gay, yo quiero que sea gay- bofetada, basta).

El coche se pierde en el tumulto. Continuamos nuestra animada charla (despotricamos contra los canis, kinkis, burracos o merdellones. La Ballantines dice que si fuera presidenta del gobierno lo primero que haría sería matarlos a todos o encerrarlos en una zona vedada con sus coches tuneados. Aplausos, risas, votos, sueños de un mundo ideal, etecé). Al cabo de unos minutos, el mismo coche se detiene a nuestra altura. El individuo que tenía el dedo en la nariz había desistido de su maniobra de encontrar petróleo en sus fosas nasales y se había decidido por introducir el mismo dedo en la oreja. Hasta el fondo, oiga, que no se cortaba ni un pelo.

Ballantines: -Jooooder, ¡qué asco! Se creerá que está solo en la carretera o algo.

Yo: -Eeeem… ¿puede haber algo más asqueroso?

Y el coche vuelve a perderse en el tumulto. Minutos más tarde nos colocamos a la misma altura y descubrimos que el hombre había detenido su compleja maniobra en esa búsqueda incesante de su esencia más pura y… y… presenciamos el espectáculo más asqueroso que pueda imaginarse. Como respondiendo a mi pregunta en voz alta, el individuo comienza a hacer una pelotilla con el dedo índice y pulgar, redondeando perfectamente el objeto en sí hacia el que muestra especial cariño (después de todo, era parte de sí mismo) y, sujetándolo como si se tratara de una lentilla, levanta el brazo a cámara lenta del volante y… y… ¡se llevó la pelotilla a la boca! ¡¡¡¡¡¡¡A la boca!!!!!!! ¡¡Y a menos que llevara un pañuelo de papel escondido debajo de la lengua eso es asqueroso!! Agggggggggggggghhhhh, aggghhhhhhh. Gritos histéricos en el auto, suicidios en masa, uñas arañando caras, agggghhhhhhhhh….

Efectivamente el individuo se alimentó de su granulado de moco y cerumen dejándonos a los observadores perplejos (y con un mal cuerpo de narices, para qué engañarnos). Virgensantadelamorhermosocomoesposible. Porque existen muchas sustancias nutritivas en eso. Y porque en estos tiempos hay que reciclar, no se puede tirar nada a la basura. O, tal vez, consistía en un extraño ritual de apareamiento basado en introducir el dedo índice en diferentes agujeros del cuerpo hasta llegar a… esto… esperad que mire mis apuntes…

Vaya, resumiendo, que nunca le déis la mano a nadie que no sea de confianza. Nunca sabréis donde ha estado ese dedo que os roza unos segundos antes…

Un capítulo más de Nachonal Yografics: descubriendo las entrañas del ser humano con el dedo índice (sin comérnoslas, conste).

Respuestas

yo no entiendo cómo la gente se come el cerumen de la oreja con lo buenos que están los mocos.

los hay de colores:
el verde pistachete estandar, el amarillo líquido resfriado, el blanquecino clara de huevo sin cocinar, el aguilla del inicio del resfriado, con tonalidades rojizas si se ha reventado un capilar..
además algunos vienen con un práctico pelo con el que jugar en la lengua.

Están los que se comen frescos y los que se reservan en el pañuelo de papel para comer después.

una cosa está clara, sólo nos gustan los mocos propios, no nos fiamos de la elaboración ajena (salvo que cabrees a algún camarero y te encuentres una nueva “especia” en tu menu)

desde luego, no sé porqué tanto escándalo, yo en atascos me dedico a elaborar pelotillas del ombligo que luego sazono con piel muerta (o lo que sea eso) que encuentro entre los dedos de los pies, una pizquita de uñas y tras calentarlo un poco en la calefacción del coche a temperatura máxima (girar la ruleta hacia todo lo rojo) y el ventilador a 3 (en mi coche era lo máximo) poder saborearlo junto a lo que encuentro en la moqueta del coche (ingrediente sorpresa)

recuerda: el secreto está en la masa (ahora entiendo porque “la cosa” era verde)

Ay, niño, si es que cuando se conduce SÓLO hay que mirar al frente…que luego pasa lo que pasa.
Un muak.

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