Posteado por: paperdeboat | Junio 4, 2008

Kamikaze

Durante mucho tiempo, tal vez la mitad de mi vida, me he sentido aparte del mundo. Algunos se aventuran a decir que es porque soy muy especial. Pero no es cierto. La cruda realidad es que no soy más que alguien que trata de vivir una vida medianamente satisfactoria sin conseguirlo en líneas generales, salvo esos reductos de paz que se me conceden de vez en cuando en una tregua. Lo que ocurre es que nunca he querido replegarme a las conductas generalizadas, a los pensamientos y dichos populares ni a la forma de ser de unos pocos que sembraron sus semillas en una auténtica hazaña de imperialismo. O tal vez, sea sólo márketing, que al fin y al cabo es el imperialismo de los tiempos modernos.

Por lo que parece, la vida moderna se rige por unos cánones a los que yo no me ajusto en absoluto. Ni física ni, por supuesto, emocionalmente. Hubo un tiempo en el que creí que no sería tan difícil, que podía ajustarme a una realidad que siempre he tenido a mi alcance. Pero no es verdad. Siempre me sentí como el ser inadaptado, terriblemente sabio e ingenuo a partes iguales, al que todos miraban con el benévolo brillo con el que se mira a esos personajes de todas las teleseries: adorables, simpaticones, tiernos y a los que, por descontado, nunca le salen las cosas como esperan. Mi vida emocional se constituyó como un desastre, un desastre tragicómico si queréis, en el preciso instante en el que decidí mezclarme con el resto de los seres humanos, creyendo que yo no era tan diferente de ellos. No sabía cuánto me equivocaba.

Ahora me sorprendo esquivando al mundo tanto como puedo en un intento de preservarme, pero antes yo no era así. Cuando era pequeño pensaba que mis inseguridades se disiparían con el tiempo. Pero no es verdad. Era otra de esas mentiras rebozadas en esperanza desesperada. Mis inseguridades no han hecho más que aumentar dejando atrás el tono pueril para recubrirse del de un adulto desacompasado en el que me he convertido mucho antes de que fuera justo. Es aterrador mirar hacia fuera y entender cómo funcionan muchos. Porque a las personas nos gusta generar inseguridades en los demás, nos gusta sentir el poder de tener en nuestras manos la fragilidad de una personalidad, saber que es nuestra, minarla aunque sea un poco y proyectar nuestros propios miedos, aunque se trate de un acto desesperado de no sentirnos tan solos despertando en otros la misma ansiedad que nos acucia. Y está muy claro que algunos somos blancos más fáciles o más evidentes que otros por siempre arriesgarnos para descubrir qué puede suceder y conceder el beneficio de la duda.

Mi facilidad para ser foco de las miserias ajenas es totalmente consciente. Yo quise creer sin ni siquiera haberlo meditado en la idea de que todos merecemos ser quienes somos sin necesidad de andar ocultándonos y protegiéndonos, que muy en el fondo somos tan parecidos que debería primar un instinto protector hacia los demás, que los resquicios de maldad no son más que traumas no solventados. Y, por supuesto, fui tan vanidoso que creía que podía cambiar el mundo, solucionarlo, enseñar y demostrar algo haciendo lo que nadie hacía: ser claro, decir siempre lo que siento y pienso, ser consecuente, ser coherente, abandonar el egoísmo en pro del bien común. Creí, si lo preferís, en el amor, en la amistad, en el respeto, en las buenas intenciones. En las personas. Y no se puede creer en las personas tan ciegamente, concediendo oportunidades y perdonando vidas. Entre otras cosas porque te toman por el pito del sereno.

Y ahora me sorprendo hablando con algún amigo y aconsejándole que no crea ni una palabra de lo que le dicen, exponiendo todo el cinismo del que dispongo, activando un lado antisocial que ha hecho su aparición en todo su esplendor. Me cansé. Eso es todo lo que me ocurre. Que estoy cansado. Cansado de niñatos que juegan a creerse mayores y a experimentar indiscriminadamente como si el resto fuéramos pistas acondicionadas para ello o peleles de goma que no se rompen al caerse. Cansado de gente que se aprovecha de la buena fe que algunos conservamos y de los sentimientos que desarrollamos porque somos así de idiotas. Cansado de personajillos que sólo tratan de probarse a sí mismos que pueden enamorar, de los que necesitan como agua de mayo que les maquilles el corazón. Cansado de reptiles que te utilizan, sin más y que en cuanto dejas de serles útiles pasan de largo sin pestañear siquiera. Cansado de que todos aquellos que se regodean en su bienhacer, en su comprensión, en su empatía, en su supuesta capacidad de respetar y ser permeables a los sentimientos ajenos no se lo piensen dos veces en tratarme como un gilipollas integral cuando les viene en gana (puede que lo sea, pero no voy a permitir que me lo restrieguen por la cara). Cansado de individuos que parecen sentir una inclinación insana por el sufrimiento y la dificultad. Cansado de dar y no recibir, de esmerarme, de ser maravilloso, magnífico, especial, atractivo, sensible y simpático y todo lo que cualquiera puede marcar en el test de una revista sobre su futura pareja pero no quieran permanecer a mi lado durante un tiempo superior al necesario para solucionar sus neuras histéricas de adolescentes descerebrados que nunca maduraron lo suficiente como para percatarse de que relacionarse con las personas, hablar con ellas, mantener una amistad o un noviazgo no es un jueguecito infantil que se termina cuando suena la sirena que marca el fin del recreo.

Lo más frustrante es que yo no esperaba todo esto. Pensaba que las cosas irían de otra manera. Como suelo decir a menudo, esta no es la vida que me habían prometido. Quizás ha sido ése mi único error, mi torpeza, embarcarme en un vuelo suicida donde la única ley era la de mi corazón, ignorando que ahí fuera hay demasiada gente que carece de uno y que, si lo tienen, solucionan que es mucho mejor fingir que no existe para sobrevivir a costa de los que sí lo usan para marcar las pautas de su vida.

Y, a pesar de que por el tono de este post pueda parecer otra cosa, a pesar de mi decepción y mi escepticismo, mis ganas de vivir no caben en un blog. Cuando sueltas todo esto, quien te esté escuchando o leyendo tiende a pensar que estás amargado, pero no es eso. Yo tengo ganas, muchas ganas, de ilusionarme, de aprender, de escribir, de leer, de hablar por teléfono, de reír, de ganarme la vida haciendo algo con lo que me sienta a gusto, de tomar el sol, de perder el culo por alguien que merezca la pena, de quedar con amigos y emborracharme, de cantar de madrugada hasta quedarme afónico, de hacer fiestas y cenas en mi casa, de ver cómo a algunos de mis niños y niñas les salen las cosas bien o consiguen lo que se proponen. Tengo ganas de mirar a los techos de las habitaciones y sentir que estoy mirando el cielo, de abrazar a quienes lo merecen, de bromear, de tomarme una copa en un chiringuito en la playa. Pero son ganas de vivir bien, de relacionarme con seres adultos, consecuentes, inteligentes, que no utilicen el sufrimiento, el suyo propio y el de los otros, para dotar de sentido a sus actos. Para malvivir, mejor me encierro en casa y cultivo un huerto de coles de Bruselas y techos desdibujados por la antigüedad de los edificios y que todavía conservan remansos de esa paz que nos merecemos pero que nunca llegará porque somos muy torpes. No yo y unos pocos por creer en las leyes de su corazón, sino aquellos muchos que piensan que la ley es otra cosa que no tiene nada que ver con su calidad como seres humanos.

Respuestas

…quiero besarte, tengo miedo a despertarte…

http://www.2luo.com/watch?v=aGmFBd8DIrM

llegará el día que verás como todo es diferente siendo lo mismo.

besos (de verdad, de los que no doy, no de los virtuales)

un día empezarás a darte cuenta de que todo a tu alrededor ha cambiado. de que la vida que te prometieron ya te da igual, que estás viviendo la vida que querías vivir, esa misma vida que ahora disfrutas con tanta pasión (que no, que no todo es negativo en este post, leñe, que ahí debajo de tanto negro hay un arcoiris -mariconazo-)…

pero lo primero de todo es que te lo creas. que no es pa llamarte rarito ni nada parecido. que cuando uno dice que eres especial, será porque lo eres… pero es que tú vales mucho, nene. que sí, que vales mucho.

aunque no tengas melenaza l’oreal…

besos.

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