Posteado por: paperdeboat | Junio 12, 2008

Cumpleaños, relojes y luces

Acabo de cumplir 26 años. Nada más y nada menos. Hoy es doce de junio (un día que deberíais apuntar en vuestra agenda como el más importante del año, más que la Navidad y todo, que yo soy mucho más importante) y tal día como hoy, hace 26 años, el mundo dejó de ser un lugar desolador para albergarme a mí xDDDD. Basta, ya paro.

Por cierto que lo de las crisis, la de los 25, la de los 30, la de los 40… no se producen cuando cumples esas edades, sino cuando las abandonas. Es decir, que al cumplir los 26 es cuando tiene lugar la crisis de los 25, porque no es hasta entonces cuando uno siente que ha dado el paso hacia otra etapa.

Yo no sé si es que soy yo, que le he cogido tirria a los cumpleaños y celebraciones y que, aunque lo desee, no soporto ser el centro de atención (soy contradictorio, sí), pero este año la cosa ha sido muy rara. Llevo unos días un pelín irascible y susceptible, con una rabieta de niño pequeño, porque no quería que el día doce de junio llegara, no quería hacerme a la idea de que mi cumpleaños se avecinaba, como si no quisiera ser consciente de que mi reloj también da las horas. Pero las da. Afortunadamente las da, las sigue dando, aunque a veces tenga la impresión de que todo se detuvo.

Porque mi reloj, sin previo aviso y sin que yo supiera que significó aquel clic que retumbó en mi cuerpo, se paró en un momento muy concreto de mi vida y hasta hoy ha avanzado muy lentamente, como si yo no fuera realmente consciente del paso del tiempo y como si los segundos, los minutos, las horas y los días pesaran demasiado y me hicieran deambular torpemente en pensamientos circulares.

Hace un par de días, el Argentino me echaba un sermón que me dejaba patidifuso. Se apoyó en mi escritorio de la oficina sin previo avsio, igual que cuando se detuvo mi reloj, y me miró a los ojos para decirme directamente, sin rodeos, que no puedo seguir así, que tengo que enfocar mi vida de otra manera y que tengo que arreglar eso que se ha roto dentro de mí. Me decía, mi querido Argentino, reproduciendo las palabras de todos mis amigos más cercanos que de seguro han comentado el tema con él, que ya iba siendo hora de volver a ser el de siempre, aquel chico que entraba por las mañanas haciendo bromas y se pasaba el día sonriendo. Me confesaba mediante un par de ojos acuosos que echaba de menos al Paper de siempre, a ése que se perdió por una de estas cosas que tiene la vida, que ya sabéis como es, que unas veces te sitúa muy arriba y otras te deja caer para que te pegues un batacazo descomunal que te desdibuja la sonrisa. Me dijo que a pesar de todo lo que me ha sucedido, debía sentirme afortunado por muchas de las metas que he logrado y, sobre todo, por el gran corazón del que dispongo. Yo lo miré cuando anunció esto último y no pude evitar echarme a llorar. A veces no nos damos cuenta de lo que significamos para los demás o nos pensamos tan irrelevantes que creemos que el resto del mundo nos ignora, que no nos presta atención. El Argentino me estaba diciendo que durante todo este tiempo ha estado observándome y cediendo su hombro para que yo llorara lo que tenía que llorar, pero que ya iba siendo hora de ser aquel Paper que conoció y que le acompañaba a diario con su buen humor. Los dos terminamos llorando en medio de aquella oficina mientras otros iban y venían, inmersos en sus quehaceres, dándose cuenta o tal vez no, de lo que estaba pasando sobre mi mesa de trabajo (aunque no lo supieran o no lo entendieran, estaba teniendo lugar todo un acontecimiento). La verdad es que yo nunca he pensado en mi sonrisa como en algo importante para los demás. Y, sin embargo, lo es.

Cuando llegué a casa, medité las palabras de mi amigo sentado en el salón, escupiendo humo enredado en tristeza y la sensación de un leve despertar (como si el despertador, por fin, hubiera alcanzado la hora programada) y entendí muchas cosas.

No hace mucho leí en alguna parte que las vidas difíciles hacen personas difíciles. Así, mi vida, que no ha sido precisamente un camino de rosas, me ha hecho una persona complicada. Sin embargo, hay algo intrínseco a mí, a mi personalidad, que jamás desterraré y es esta capacidad que tengo para valorar a las personas y a sus sentimientos como si se tratara de oro en paño. El Argentino me dijo que no importa cuánto me pase, cuántos idiotas se crucen en mi camino, cuántas desgracias tenga que soportar y lo injusto que me parezca el mundo a veces: no puedo permitir que todo eso me cambie, que toda esa vorágine que me aterra termine haciéndome actuar como alguien distinto a quien soy. Y me da mucha pena, no os podéis imaginar cuánta, porque en estos últimos nueve meses yo he sido alguien que en escasas ocasiones se ha parecido a quien soy realmente. La alegría se me fue por el desagüe de la desilusión y he avanzado a trancas y barrancas. Trancas y barrancas de papel mojado sobre un mar que se me hacía demasiado grande y que me hacía sentir diminuto, enano, insignificante, vacío y carente de sentido.

Sin embargo, creo que ya ha llegado la hora de cambiar el curso de las cosas, de volver a ser yo mismo, de olvidarme de cuantos sinsabores me amargaron el paladar, dejar atrás lo que me hizo daño y volver a erigirme en el centro de mi vida, una vida que por mucho que despotrique y haga posts densos y cargados de hartazgo, no está tan mal. Una vida que he construido yo solito, en la que todo me lo he ganado yo, en la que cuento con personas muy importantes y bellísimas por dentro que son capaces de tocar el sol y la luna todos los días con las puntas de sus dedos. Una vida abarrotada de proyectos, emociones, ilusiones y sueños por cumplir que no pasarán a la historia sin pena ni gloria, y si lo hacen no será porque yo no haya intentado evitarlo con todas mis fuerzas.

Ha llegado la hora (porque el relojero por fin arregló mi reloj despertador) de que me dé cuenta de una maldita vez de quién soy y de lo que soy capaz de hacer y deje atrás a esa fila india de sombras que me precede todo el tiempo.

Así, tal y como le dije como respuesta al Argentino a todo su discurso sobre mí y mi estado a través de un mensaje de texto antes de irme a dormir, lo único que puedo añadir es que sonreiré de nuevo. Un día de estos sonreiré y mi sonrisa será tan grande que todas las oscuridades que haya a mi alrededor se desvanecerán. Y noto que se va acercando ese día, que esa sonrisa casi se ha alojado por completo en mi cara ya, porque la curvatura de mis labios ya comienza a formarse, el blanco de los dientes empieza a verse, mis ojos comienzan a achicarse…

…y mi corazón empieza a despedir luz.

Seré como un gusiluz de 26 años, pero más guapo, claro está ;)

Y tendré tigres en los dedos :)

Respuestas

FELICIDADES (creo)

la verdad es que el primer impulso al empezar a leer el texto ha sido felicitarte, luego llorar, y luego consolarme amargamente con la promesa sobre un futuro mejor.

por eso el matiz.

un beso de verdad, de los que no doy.

Me alegro por ti!
Supongo que a lo largo de la vida todos pasamos por varios momentos en que los hechos nos desconciertan y nos perdemos a nosotros mismos. Lo importante es saber encontrarnos de nuevo y así brillar más intensamente que anteriormente.

Besos

Lo más importante en esta vida no es sólo poder darse cuenta de que vas en la dirección equivocada…es tener a alguien a tu lado dispuesto ha hacértelo ver. Dispuesto a ayudarte a despertar. Es decir, tener un relojero cerca ;)

Me alegro de que tú lo tengas! Aunque no es de extrañar…la buena gente, suele terminar rodeándose de buena gente. :)

Ahora, Papercito mio, a desperezarse para dejar atrás los malos sueños y a sonreir a la vida y a todo lo que se te ponga por delante…haciendo uso del famoso slogan publicitario: porque tu lo vales!

Muchísimos besitos!

Cabecita loca la miaaaaaaa!

Y muchísimas felicidadessssssss! Que yo acabo de cumplir la misma edad que tú! Y a mi, no hay cosa que me haga más ilusión que los cumples… ;)

Felicidades aunq ya te felicité ayer!! A ver si podemos hablar el finde y nos ponemos al día

Un besazo y vamos p’alante con nuestros 26 y a por los 27!!

Felicidades querido Paper!
[Bueno, con un poquitín de retraso (la culpa es de los puñeteros feeds, que tienen vida propia y me avisan de los post nuevos cuando les viene en gana)]

Espero que los 26 te dén la misma buena suerte que a mí en su momento.

Muchos besos!

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