Posteado por: paperdeboat | Junio 17, 2009

Nuestra amiga la castración

Hace mucho tiempo, alguien me llamó zorra sádica y retorcida (pero qué dulce es la gente soltando piropos, de verdad) y yo fingí horrorizarme y ofenderme porque a mí me enseñaron a parecer decente y para algo estudié en la facultad de Periodismo, donde se nos insta a echarle cuento al asunto. Los periodistas somos taaaaaan teatreros… De cualquier manera, aunque estuviera fingiendo como una perra, en mi más profundo interior pensaba que el sujeto se había quedado incluso corto con su apreciación.

Porque, querida amiga, tú que me lees entornando los ojos y agudizando tus sentidos y que esperas que algún día saque una revista propia (una mezcla de la revista de Ana Rosa y la Nueva Vale, pero para maricones), me dispongo a iniciarte en el maravilloso mundo de la castración. Si estás hasta el alma de los integrantes del género masculino; si cada vez que tus amigas te proponen salir a un sitio de ambiente se te revuelve el estómago, te sudan las manos y se te dilatan las pupilas (cuando todo el mundo sabe que lo que debe dilatarse en estos casos es otra cosa); si cada día te arrepientes más de no haber sido hetero (lo que pasa es que en tu pubertad lo de ser más maricón que un palomo cojo se puso de moda y, claro, tú te uniste al club) o lesbiana u oleoducto (¿?), estoy a punto de brindarte la solución a todos tus males.

Yo imagino que si lees este blog es porque ya en alguna ocasión has sentido la imperiosa necesidad de castrar a tus semejantes. Yo comprendo que cuando la necesidad aparece uno tenga ciertas dudas existenciales pues… ¿cuál es el punto propicio para castrar a un homosexual? ¿Dónde empieza a ser políticamente correcto utilizar las tijeras de podar el jardín que tienes en el garaje? ¿En qué momento cualquier jurado lo entendería e incluso te condecoraría con la llave de Chueca? ¿A qué huelen las nubes rosas con forma de corazón?

Por supuesto, para que puedas diferenciar claramente si estás siendo especialmente dramático, tía, o si por el contrario tienes serios motivos para llevar a cabo el ritual de castración, voy a presentarte muy altruistamente los casos en los que sí se puede y se debe convertir a un homosexual en un eunuco cualquiera con voz de pito.

Se puede y se debe castrar a un homosexual cuando:

1. Se ha tirado a mi ex antes, después o durante (especialmente durante) nuestra relación. Al tuyo no, que seguro que me lo zumbé/zumbaré yo.

2. Se ha tirado a tu ex antes, después o durante (especialmente durante) y luego quiere algo contigo.

3. Intenta ligar contigo y, sin saberlo, intenta ligar con tu amigo al mismo tiempo, siguiendo la misma táctica y utilizando incluso las mismas frases. Por favor, un poco de originalidad… ¿Quién te ha enseñado a ligar? ¿Chiquito de la Calzada?

Nota expresiva: cuando pasa esto uno se siente superpoco especial, de verdad.

4. Se siente superofendido cuando le pides el número de teléfono, del rollo de:

Tú: -Oye, ¿me das tu número y te pego un toque esta tarde?

Sujeto irrelevante: -Lo siento, pero no estoy preparado para una relación.

Tú: -*_*

Se acepta caer al suelo y tener convulsiones, antes, después y durante la castración. Sí, especialmente durante.

5. En el caso opuesto, se puede y se debe castrar al sujeto cuando quedas con él, aparece, le das dos besos y le dices “encantado de conocerte” y él decide responderte pidiéndote matrimonio con una tuna y un anillo de compromiso que parece la arandela de una lata de atún (probablemente lo sea, que la crisis nos afecta a todos). Qué falto de cariño están algunos, madre… Deberían pedir para Reyes el cojín que te abraza con la cara de Brad Pitt. Yo lo tengo y me va la mar de bien…

6. Prefiere quedarse en casa viendo DEC, comprobando el ritmo al que crece su maceta de geranios, inmerso en juegos de rol por Internet o haciendo encajes de bolillo junto a su abuela por parte de padre en lugar de salir a dar una vuelta y tomarse una cerveza contigo. Jopetas, ni que le estuvieras proponiendo plantar nabos o picar piedra en una mina. Y después de todo, tu madre siempre te dijo que eras muy guapo. Si a eso le unimos que a veces tus amigos creen que te has comido a Miliki porque eres superdivertido… Pues tampoco eres tan mal plan, oiga.

7. Afirma horrorizarse ante los homosexuales con pluma (y además lo hace de manera muy despectiva) y asegura ser muy masculino, pero luego, cuando quedas con él, descubres que es primo hermano del lado femenino de Paco Clavel. Mariiiii, ay, mariiiiii que me vierto, mariiiii, que el clítoris me pesa dos kilos, mariiii…

8. Va de profundo y de sensible y te dice “es la primera vez que quedo con un hombre”. Venga, va, ahora me dirás que también eres virgen… cuando se ve a la legua que eres pastorcilla y lavandera (por las rodillas peladas) y que si hubieras actuado en Titanic, tú hubieras sido el remolino de agua que se tragó el barco con pasajeros y todo.

9. Se ha llevado tres años calentándote y cuando por fin te decides a meterle cuello te dice:

Sujeto irrelevante a punto de ser violentamente castrado: -Perdona, pero creo que me has malinterpretado. Que te haya pegado la cebolleta al culo con cruentas embestidas y haya ondeado mis calzoncillos por encima de tu cabeza gritando que estoy caliente no quiere decir, necesariamente, que yo quiera algo contigo.

Se acepta realizar la castración con unas tijeras oxidadas para este caso.

10. Tiene una cita de dos horas y se pasa 107 minutos hablando de su exnovio en plan monotemático. Al final de la cita conoces mejor al novio que su puta madre. Si encima te ha confundido con su psicoanalista se acepta, como práctica bizarra, que la castración se produzca sin tijeras, arrancando de cuajo el miembro viril mediante un bocado limpio y sincero.

11. Es fan de Paulina Rubio. Esto es básico, por favor. Si esa mujer saca otro disco, juro que terminaré dándome cabezazos contra las esquinas de sus compactos. Que sus fans maricones dejen de apoyarla, que todos sabemos que canta menos que un grillo mojado. Un beso para todos los fans de Paulina que sé que me adoran.

12. Es más ambiguo que Miguel Bosé y un día te dice que se muere de ganas de estar contigo y al siguiente te hace saber que le importas tanto como su vecina Sebastiana. Por supuesto, al tercer día resucitará y dirá, de nuevo, que se le bajan los slips hasta los tobillos cada vez que se acuerda de ti.

Es ley de vida, qué vamos a hacerle.

Por supuesto, todo esto depende de lo quemados que estemos y de lo hastarcoño que andemos en el momento de enfrentarnos a la situación surrealista en sí. Desde luego, cada cual tiene su baremo. Para mí, castrar un homosexual debería ser tarea diaria. Pero es que yo perdí la fe en el género humano cuando mi profesora de lengua de séptimo curso le preguntó a un compañero que era una utopía y él contestó que era la carretera que conectaba Málaga con Marbella.

Es normal… Utopía y autovía son palabras TAN parecidas…


Respuestas

  1. Es que sin duda, hay una serie de tragedias cotidianas que hacen que uno se sienta infraespecial.

    Suscribo lo de Pau.

  2. he pensado en mucha gente al leer esto..

    lo que me preocupa es que igual mucha gente piensa en mi también!


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