Posteado por: paperdeboat | Julio 7, 2009

Bondad y estupidez

Ante todo, disculpen mis fieles lectores (los que queden) mi prolongada ausencia en este maravilloso y estupendo blog de maricones y amigos de maricones; servidor está más que ocupado en los últimos tiempos y tiene problemas muy graves de salud mental debido a sus múltiples y variadas experiencias surrealistas (el calor afecta negativamente a este área de mi vida, por lo visto). No obstante, y sintiéndolo mucho por los que pensaban que estaba en mi casa triste y ojeroso llorando, sigo estando aquí, con la mente y la lengua bien despiertas (ahórrense chistes sobre sexo oral).

En los últimos días he tenido la grata experiencia de que la gente me tome por idiota. Buah, ni que esto fuera nuevo, esto me pasa a mí todos los días, pensarán muy acertadamente mis fieles lectores (los que queden). Sin embargo, en esta ocasión, todas estas veces que me han tomado por idiota se han sustentado sobre un denominador común: el maravilloso y fantástico binomio bondad-estupidez.

Yo les cuento. En los últimos días a mí se me han dicho cosas tan bonitas como que ilusionarse es para gente inmadura; que los adultos no hacen el amor sino que follan (esto dicho de modo muy despectivo además); que los sentimientos no llevan a ninguna parte; que ser buena persona no sirve para nada, que a ver si me creo que voy a salvar el mundo. Y cosas así de estupendas.

Y es que yo, miren ustedes, estoy fatal. A mis 27 años, incluso a pesar de lo chunga que está la situación y de que las empresas se crean que somos idiotas y que debemos trabajar quince horas al día por un sueldo mísero “porque estamos en crisis”, todavía tengo la absurda ilusión de poder trabajar en algo que me guste, cobrando un sueldo decente, con un horario razonable y en un ambiente de trabajo donde se me valore. Si hasta creo en la posibilidad de publicar algún día las payasadas para maricones (bollera desalmada dixit) que escribo en mi blog y las noveluchas que tengo en el disco duro de mi ordenador… ¡dónde vamos a llegar, por favor!

A mis 27 años todavía creo en mantener relaciones sanas con las personas que me rodean. Creo en tratar bien a la gente, independientemente de su posición social o intelectual. Creo que los negros, los chinos, los moros y hasta los periodistas tienen el mismo derecho a trabajar que un español (no, no creo que vengan a quitarnos el trabajo a los españoles, no creo que estén en su país, tan ricamente, y de repente digan “¡Ay, vámonos a España a quitarles el trabajo a los putos españolitos! Así, por diversión”). No me gusta manipular ni utilizar a nadie para conseguir lo que quiero o para sentirme más poderoso y que la tengo más grande, ni hacer la pelota para tener mejor nota o que me paguen más, ni chupársela a un octogenario seboso para que considere mi candidatura en una entrevista personal para un puesto de mamachicho. No, nada de eso.

A mis 27 años, todavía considero que la amistad, la verdadera amistad, es mucho más que llamarse una vez al mes para irse de cañas y hablar de lo musculoso que fue el ganador de la última edición de Gran Hermano y que se le vio el pito en un video. Considero que la amistad es saber compartir, saber escuchar, saber hacer sentir bien a un amigo cuando ha tenido un mal día, hablar de sentimientos y reírse a carcajada limpia con la certeza de que esa persona no está a punto de clavarte un puñal en la espalda.

A mis 27 años, incluso a pesar de la ingente cantidad de imbéciles congénitos que me he echado a la cara con más pena que gloria, todavía tengo la absurda pretensión de encontrar a un tipo con el que encajar física, emocional e intelectualmente y poder mantener una relación de pareja sana, en la que nadie intente hacerme sentir mal para conseguir satisfacción ni quiera engañarme diciéndome que soy el amor de su vida sólo para que yo me emocione y se la chupe mejor. Todavía tengo la absurda pretensión de enamorarme (no conformarme porque no tengo nada mejor que hacer con el primer tipo que se presente y que sea medianamente guapo para poder llevarlo a fiestas y reuniones sociales como novio florero) y sentirme cómodo junto a alguien hasta el punto de tener una relación de pareja. ¡Sí, tía! ¡Una relación de pareja! No de follamigos, ni de rollete, ni de “jo, sácame el perro todos los días y a cambio te hago unas pajillas”. De pareja, tía, de pareja, con compromiso de por medio y todo.

Y todo esto así, sin psicólogos ni nada y habiéndolas pasado putas, pero putas. Todavía creo en todo esto.

Evidentemente, yo estoy mal de la cabeza. ¿Cómo puedo ser tan bueno y tener estas aspiraciones? ¿Por qué no me rebajo a pensar que no sirve de nada tener sentimientos, que es mejor ir pisando cabezas, utilizar a la gente, humillar a los demás por lo que creen o piensan, ser un borde de mierda, reírme de ellos y luego irme a casa a dormir tan ricamente, como si no existiera mañana, conciencia y todas esas chorradas?

¡Tío, soy un puto enfermo! ¡Que trato a la gente con respeto!

Yo lo sé, de verdad que lo sé, que ser buena persona no está de moda. Que creer en los sentimientos y tener valores te hace parecer manipulable, idiota, accesible y un tanto despreciable, no es lo que se lleva. Porque, muy en el fondo, esto no dista demasiado del puto patio del colegio o del instituto en el que los guays tenían derecho a reírse de los pardillos que no se metían con nadie y que sacaban buenas notas, ¿verdad? Todos tenemos que parecer malotes, duros, competitivos, fuertes, inaccesibles si queremos ser populares (altamente valorados socialmente). La bondad ha dejado de ser una cualidad social (si es que en algún momento lo fue) para convertirse en un estigma. Y lo peor es que la madurez se asocia a eso, a perder la ilusión por las cosas, ser prácticos y fríos de cojones. Hay que ser crueles, competitivos, independientes, autosuficientes, individualistas, implacables. ¿Amistad? La amistad es quedar para tomar unas copas y en cuanto te conviene pirarte sin mirar atrás. ¿Ilusiones? ¿Para qué? ¿Sensibilidad y empatía? Ni que fueras a salvar el mundo. ¿Tirarte a alguien con delicadeza? No, no, aquí hay que follar como animales, qué cojones es eso de “hacer el amor”.

Todo lo escrito anteriormente sobre lo que me gustaría tener algún día me hace parecer ingenuo, inocente e incluso tonto. Yo lo sé, pero es que no estoy de acuerdo. Y aunque así fuera, me la suda. Me la suda mucho, porque al menos yo sé quién soy y voy de frente. Y como dijo uno tipo importante en la Historia de la Psicología, “la defectividad no es más que una valoración social”. Quienes hayan decidido que querer ayudar a los demás, tratar a la gente con respeto y hacer sentir bien a los demás es algo risible y ridículo me la comen en dos tiempos, hablando en plata y tomaré muy en cuenta sus ridículas opiniones algún día, en otra vida quizás.

Y no es que yo me crea más bueno que nadie, conste esto en acta, pero, tal vez, sí soy más sincero. Y la prueba es que no tengo ningún miedo a contar aquí o en cualquier charla lo que pienso, lo que soy, lo que espero y lo que quiero. Me muestro, enseño mis ideas, mis sentimientos, mis puntos débiles, en definitiva. Y si lo hago es porque estoy bastante convencido de que lo que hago está bien, que trato a los demás como me gustaría que me trataran a mí y de que los equivocados son ellos. Por mucho que tenga que enfrentarme al mundo entero y por mucho que todos los días tenga que indignarme porque un gilipollas venga a tratar de convencerme de que tengo un problema sólo por ser tan buena persona.

A lo peor el problema lo tienen él.

A mí me parece sensacional que cada uno lleve su vida y se lo plantee como le dé la gana. Lo que me toca las narices es que la gente sea tan jodidamente cínica y venga, precisamente, a criticar mi punto de vista y hacerme entender que no soy más que un pardillo por continuar creyendo en cosas en las que ellos, aparentemente (repito, aparentemente) dejaron de creer en algún momento.

Y si repito el aparentemente es porque muy en el fondo, aunque ellos vayan de duros, de estupendos, de fríos, de autosuficientes y de que nada les importa más que triunfar y pisar todas las cabezas que sean necesarias por el camino, luego, en el fondo, se sientan en sus casas al final del día y anhelan lo que anhelamos todos: un abrazo, alguien que nos entienda, alguien con quien hablar, poder llamar a alguien, sonreír, hablar de lo que les preocupa, compartir. Y seguro que se emocionan con una película o una canción en algún momento. Y también tendrán días tristes. Y echarán de menos. Y tendrán nostalgia y melancolía. Y añorarán que alguien se interese por ellos y les haga sentir especiales, que al fin y al cabo es a lo que todos aspiramos.

Y lo peor es que ante esto último, lo del abrazo, lo de hablar con alguien, lo de las emociones y todas esas mariconadas en las que nadie cree aparentemente (porque ya somos muy mayores, ¿verdad?), más de uno habrá levantado la ceja intentando convencerse a sí mismo de que él está muy por encima de eso.

Y pensar que luego el cínico soy yo…

[ROBBIE WILLIAMS - Trippin']


Respuestas

  1. Amén, hermano!!!

  2. Me ha encantado tu artículo. De hecho me ha servido como idea inspiratoria para crear yo mismo un post. ¿Mi opinión? Porque para algo te escribo este comentario: Pues mi opinión es que la mayoría de los seres humanos (¿?) son gilipollas. Si la población es un 100%, el 99,9% de ella busca lo que nunca encontrará, ¿no crees? Y con respecto a lo de “hacer el amor” o “follar” o lo que se le llame ahora, pienso y siempre he dicho que la frase “hacer el amor” es algo demasiado GRANDE como para tan siquiera escribirlo. Haces el amor con alguien por el que sientes algo y follas con un tío del que apenas ni siquiera sabes su nombre o si tiene alguna enfermedad venerea. Sí es cierto de que muchas personas se piensan que por el hecho de que ellas opinan, creen, sienten o anhelan algo, la mayoría les va a seguir y dar la razón en sus opiniones. A fin de cuestas es lo que dices, que al final de día, cuando se van a casa, se encuentran con el silencio, por decirlo de alguna manera, y tarde o temprano se agobian pensando en lo que podrían tener y no tienen.
    Por último he de decirte que me gusta mucho como escribes, tus ideas, el hecho de que te líes a teclear en el ordenador y no pares… Eso de escribir es muy sano. Y, por cierto, no te preocupes: si los libros de Harry Potter inundaron a la autora en millones de libras, cualquier cosa, por muy mala que sea y si alguien está interesado en ella, se va a vender. Yo también aspiro a eso. De momento, personalmente, me conformo con leer y abstraerme en ello.

  3. pues ya somos dos!

  4. aunq no firme mucho, yo te sigo leyendo :)

    ya sabes lo qpienso de este tema, asiq tu no cambies te digan lo qte digan

    (me estallo de risa cada vez qintroduces algo de bollera desalmada/mala dixit xDDDDD)


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