Odio profunda, visceral e irracionalmente a la gente enamorada. ¿Se puede saber qué cojones está sucediendo este verano? ¿Es que todo el mundo me va a venir con cara de quinceañera con coletas atontada, excitada y violentamente cachonda gracias al capitán del equipo de rugby? ¿Por qué este verano todo el mundo se enamora?
Algo malo está pasando. No puedo confirmar de qué se trata. Ni siquiera sé el motivo por el que se produce. Lo que sí os puedo decir es que todo el mundo a mi alrededor vive en el País de la Piruleta de Fresa. Y yo, verán ustedes, no tengo nada en contra de la gente enamorada. Sólo es que me tocan las pelotas. Sólo eso. Además, tradicionalmente, el verano ha sido la época en la cual la gente deja a sus parejas y se lía a echar casquetes a diestro y siniestro, aunque sea para volver luego en septiembre, con la vuelta al cole, con el rabo entre las piernas (o, mejor, sin él). Pero se ve que la crisis afecta también a las técnicas de apareamiento de los humanos. O tal vez sea el cambio climático. ¿Dónde ha quedado lo de follar como animales con unos y con otros en verano?
No me malinterpreten. A mí me la trae al pairo que la gente se enamore. Cosas peores se han visto. Lo que me molesta es que vayan por ahí alardeando, exhibiéndose. Son como los maricones, haciendo los sarasas por ahí (habrase visto, malditos hijos de Belcebú) y contoneando sus cuerpos en tarimas de bares para maricones. Es que van por ahí provocando. ¿No podrían dejar su pluma en casa? Pues con los enamorados ocurre lo mismo.
Lo que pasa es que no es justo que tú quedes con tus amigos y ellos empiecen a decirse cosas como “mi vida”, “mi tesoro”, “bebé de amor”, “terroncito”, “pastelito”, “conejito de amor”, “peluchito”, “bomboncito”, “amorcito”, “nubecita de algodón de azúcar”, “florecita”, “melocontoncito en almíbar”, “caramelito”… Aparte del subidón de azúcar que incluso puede provocar la muerte súbita de cualquiera que escuche por casualidad estos apelativos, queda fatal cuando luego uno dice “pues me vas a comer la polla en dos tiempos”, frase que yo utilizo muy a menudo. Y, claro, cuando dices esto se rompe la magia del país de la gominola de fresa con forma de corazón y te miran fatal, como si hubieras matado a Bambi. Pero es que, coño, tú no estás enamorado, eres todavía una persona normal, estás en todo tu derecho a comunicarte y continuar hablando como una persona racional y equilibrada y no como si te hubieran introducido una tarta de fresa de treinta kilos por el ojete. ¿Qué pasa? ¿Qué cuando uno se enamora le practican una lobotomía? Joder, es que no es normal tanta tontería. Es como si Meg Ryan y Sandra Bullock aparecieran juntas en la misma película: los cerebros de los espectadores reventarían.
Luego está lo de las muestras de amor. Estás ahí, tomándote una copa, y entonces van tus amigos y se chuperretean el hocico. Además, sonoramente. Muakskskjksjjkhdafkjhsdjh. Porque mira que está alta la música en los bares, pero oiga, se les escucha perfectamente. ¿Cuántos litros de saliva gastan para producir ese ruido, por favor? Es que dan ganas de mutilarse las partes bajas con una cuchara oxidada, de verdad. Que a mí me da igual que la gente esté salida, pero que se vayan a un motel. Por no hablar de lo que jode fijarte en un tío que está bueno y que de repente aparezca la novia de la nada en una nube de humo, como en Lluvia de estrellas y le pegue un morreo. Es que no hay derecho. ¿Amor? Ésa es una furcia que me ha robado a mi hombre, que amor ni que leches… Esto no debería permitirse. La gente enamorada no debería mezclarse con la gente no enamorada.
Porque, no me malinterpreten, yo no es que quiera segregar a la gente enamorada, pero creo que deberían crear unos bares específicos para ellos. Unos bares llenos de esquinas para que puedan darse el lote a gusto y chuperretearse. Porque mira que se chuperretean. Al menos mis amigos se pasan el día dándose el lote y hablando de guarradas. Y diciéndose moñadas. Y mirándose como si fueran lerdos, con esa cara que se les pone de atontados perdidos, los ojos entornados, la sonrisa de gilipollas y el pie haciendo circulitos en el suelo. Es que es terrible, ¡que en cualquier momento se suben a una alfombra y me cantan lo de “un mundo ideal”, al tiempo que los ratones y las cucarachas les fabrican un par de vestidos de novia!
Porque cuando la gente se enamora se empeña en compartir su amor con los demás. Como si los demás tuviéramos ganas de conocer los detalles de su relación. Que si me besó una noche del mes de junio en la playa mientras la luna se reflejaba en el mar y los delfines saltaban, que si me hizo cosquillas con la barba en el clítoris, que si me hace arrumacos, que si parecemos hechos el uno para el otro, que si parece que nos conocemos de toda la vida, que nunca he sentido esto por nadie… Yo es que, de verdad, pongo el salvapantallas y pienso en la lista de la compra mientras asiento con la cabeza, porque es que esto no hay maricón que lo resista.
Pero esto no es todo porque, no contentos con relatarte con pelos y señales todos los detalles pastelosos de sus encuentros, empiezan a contarte también sus encuentros de cama, en plan “pues nosotros duramos cuatro horas antes de corrernos”, “pues nosotros gritamos como animales cuando lo hacemos”, “pues cuando está a punto de correrse se le pone la lengua verde”… Que sí, que los amigos se escuchan, pero que todo tiene un límite; que después, cenando en un chino, te imaginas al novio de tu amiga ahí, encima de ella, con los ojos vueltos y la lengua verde y es que se te descompone el cerdo agridulce en la boca antes de digerirlo. Es que así no hay quien pueda.
Y para colmo, la cosa empieza a ponerse seria, porque tus amigos hablan de bodas, damas de honor, alianzas, embarazos, reuniones premamá, hipotecas compartidas, guarderías, niños… Mientras tú, que te has convertido en el soltero de oro del grupo y todavía no entiendes cómo ha sucedido, sigues pensando en encontrar ese remedio milagroso contra la resaca para que no se te estropee el domingo. Y no es que tengas grandes planes los domingos. Excepto seguir bebiendo, claro…
Y sí, tus amigos te dirán eso de “ya te tocará a ti” y que algún día serán ellos los que se cachondeen de tu expresión de gilipollas y de tus fotos en plan ñoño con el amor de tu vida. Pero tú sabes que esto no sucederá, porque… ¿quién narices se va a prestar a estar con el tipo que aparece en todas las fotos al lado de la parejita dándose el lote, poniendo cara de asco, agarrándose el cuello con una mano y metiéndose los dedos de la otra en la boca para vomitar?
Además, ¿quién coño dice que necesito una pareja para pasar los domingos en el campo con ella y ser feliz? Pues no me quedan a mí bares que cerrar y profiteroles bañados en chocolate (claro sustitutivo del sexo matrimonial) que zamparme…
Por otro lado, hasta yo me pongo ñoño y contento cuando veo que mis amigos son felices y están enamorados. Pero de esto, mejor, que no se entere nadie
[KYLIE MINOGUE - In My Arms]
Menos mal que has puesto la última frase porque me iba a dar un soponcio, qué mala leche, jajajaja.
Pero no olvides que tú también has estado enamorado y has puesto esa carita de gilipollas, eh???
Hombre, sí que es verdad que puede molestar que no te dejen hablar y sólo hablen de su nube de algodón. Y que se coman la boca delante de tus narices. Pero qué vamos a hacerle, el dichoso amor… Imagino por quiénes van este post pero mejor no doy nombres por aquí… Besos!
Por: Blonde Moon el Agosto 5, 2009
a las 1:04 pm
sisi todo muy bonito xo… meg ryan??? te estas haciendo mayor!!
jajajaja ahora es mas bullock (insustituible) y jennifer aniston por ejemplo xD
Por: devaneos el Agosto 7, 2009
a las 1:29 pm
tienes toda la razon!!! uffff, pero… ¡¡¡Que bonito es estar enamorado!!! ains…
Besitos
Por: sonia el Agosto 8, 2009
a las 1:54 pm