El otro día quedé con una amiga para tomar café (porque sí, tía, porque yo tengo vida social, a pesar de que más de uno me dijera en su momento que era un cactus que iba a morir solo en el desierto). Mi amiga y yo, la mar de estupendos, una mañana como otra cualquiera, nos sentamos en una de esas terrazas en las que ahora se está tan a gustico; y entonces vi pasar a un tío que era algo así como un semidios tremendamente buenorro. Claro está que a mí se me saltaron hasta los empastes al presenciar su belleza (y su culo prieto), que por algo soy una marica degenerada, y que mis pupilas se dilataron hasta adquirir el tamaño de una plaza de toros. Entonces mi amiga, muy consideradamente, me soltó así, sin avisarme antes ni nada:
-Paper, te veo muy necesitado.
Y claro, yo me quedé muerto. No porque fuera mentira, sino porque estoy tan acostumbrado a que la gente no me haga ni puñetero caso que cuando me prestan atención me quedo patidifuso, absolutamente. Razón no le faltaba: estoy necesitado.
No me importa reconocerlo porque hace mucho tiempo, un señor demostró que todos estamos necesitados. No, este señor no fue Brad Pitt (tío al que, incluso los heteros cazurros, reconocen como guapo e idolatran), sino un tipo que se llamaba Maslow (pronunciado Mahlou) y que nos presentó un paradigma de necesidades básicas del ser humano*.
*Algunos tocapelotas estarán pensando que sobre esto ya escribí una vez, pero fue hace tres años, ya ha pasado mucho tiempo y a mí me apetece retomar el tema (qué coño).
Las necesidades expuestas por el colgao’ éste, un tío muy tenido en cuenta en Psicología y Sociología (ya ves), son las siguientes:
1. Necesidades fisiológicas. No hay que ser muy listo (o sí, que uno ya nunca sabe) para saber que las necesidades a las que el buen Mahlou se refiere en este apartado son el hambre, la sed, el sueño… Dice que son imperiosas y básicas para los seres humanos (nos ha jodido, ahora va de listo). Se supone, queridos maricones y otros seres derivados, que los humanos (por llamarnos de alguna manera) tenemos estas necesidades cubiertas en este punto de nuestra existencia en nuestra gran mayoría (porque los 800 millones de personas del mundo que pasan hambre nos los pasamos por el forro, son cuatro gatos, no existen). Todos comemos, todos dormimos, todos bebemos (sobre todo yo) y todos follamos.
Lo malo es que algunos, muchos a lo mejor, no tenemos mucho dinero para comer lo que nos gustaría (y nos vemos en la obligación de comer pasta y arroz diecisiete veces por semana); dormimos regular por culpa de nuestros vecinos, que se empeñan en organizar carreras de hipopótamos a las tres de la madrugada y con la línea de meta encima de nuestra habitación; beber sí que bebemos, que para algo tenemos hecho un máster sobre robar copas y tontear con camareros para que nos inviten a toro, toro y toro; y lo de follar, queridos, eso ya es otra historia (ahora mismo me voy a comprar un amuleto contra el mal de ojo, porque lo mío no es normal: me tocan todos los maricones frígidos que hay en el mercado, de esos que sólo quieren hablar y hacer amigos. Si yo tuviera un traje de músculos y fuera con el carné del gimnasio en la boca, ya veríamos el interés por desarrollar la amistad donde quedaba. Esto es como lo de “mi amigo es muy simpático”. Si estuviera bueno, la simpatía pasaría a un decimocuarto plano).
2. Necesidades de seguridad. Mahlou se refiere aquí a los deseos de estabilidad y orden con ausencia de amenazas o peligros. Que estés toda tranquila, vaya; pero, ojo, sin drojas ni nada, como estado natural. Supersencillo, tía. Y para arreglarlo añade unos ejemplos la mar de monos como:
a. Aspiración a un trabajo estable: algo que, evidentemente, sólo conseguirás si eres primo del nieto de la madre de la que trabaja en el ayuntamiento, si eres del Opus o si la chupas muy bien (y ni eso, porque servidor tiene el máster del Calipo y fíjense). Si no, tu vida laboral tendrá la misma estabilidad que una bruja en medio de un tornado. Pero qué más da, la vida es Noche de fiesta, tía.
b. Deseo de tener algún tipo de seguridad en el futuro: pues claro, yo estoy completamente seguro de que cuando pase la crisis se inventarán otra cosa para justificar que seamos unos putos pringados, tengamos unas condiciones laborales pésimas y cobremos una mierda. También estoy seguro de que los jóvenes no tendremos ninguna oportunidad de acceder a una vivienda en condiciones (esto es, de más de diez metros cuadrados) sin meternos en una hipoteca que heredarán nuestros bisnietos y que seguiremos comiendo pasta 17 veces a la semana (y podremos ponerle tomate frito con mucha, pero mucha, suerte).
c. Búsqueda a través de la ciencia o de la religión de una explicación coherente sobre el mundo de los hombres: yo esto lo tengo claro, a los hombres no hay quien coño los entienda. Ni ciencia, ni religión, ni pollas en vinagre: beber wisky es la solución (no, entenderlos no los vas a entender, pero a la cuarta copa vas a estar a gustico y te va a dar igual, eso seguro).
3. Necesidades de pertenencia y amor. Vamos, que no hace falta que os diga mucho, que ésta la tiene todo cristo muy presente. Excepto los chulos de discoteca y las cabronas de manual, que lo que necesitan es que Freud resucite y les haga una terapia especial. Mahlou lo define como el anhelo de establecer relaciones afectivas con la gente en general y el deseo de sentirse integrado en grupos como los amigos o la familia. Yo no sé vosotros, queridos maricones y otros derivados, pero yo cada día que pasa me siento más antisocial y menos ganas tengo de relacionarme con esos seres unineuronales también conocidos como mariquitusos de la especie. Por no hablar de la gente en general, de lo considerada y amigable que es. Me siento superintegrado, tía, cuando todos los tíos me ignoran por ser bajito, delgado y saber hilvanar dos frases seguidas, subordinándolas y todo. Es superguay.
Vamos, que me van a perdonar, pero para mí mantener relaciones afectivas con la gente no es utilizarla para que nos haga los recados, darle de lado a la mínima oportunidad, que nos importen un carajo sus sentimientos, engañarlos, usarlos como un clínex y luego tirarlos a la basura, reírnos de ellos o convencerlos de que tienen que idolatrarnos y seguirnos a todos lados con la lengua fuera para que nos hagan un poco de caso. Eso sí, siempre alegando una incondicional y entregadísima amistad. Que sí, que yo soy tu amigo, pero si me surge un plan mejor te dejo más tirado que una colilla. ¿Valores? ¿Eso qué es? ¿Y para qué sirven?
Aunque, como decía una que yo conocía, yo me invento las cosas y vivo en un mundo paralelo: la gente no es ni rastrera ni miserable ni te utiliza ni nada de nada. Somos todos la mar de buena gente y vivimos en un episodio de La Aldea del Arce. Sí, señor. Y Miliki también.
Mahlou dice que la insatisfacción de esta necesidad se traduce en situaciones de soledad, marginación, desarraigo, enemistad o rechazo. A la mierda to’ el mundo, ea, a chuparla por los pueblos. Qué majo es este Mahlou, qué bien define mi estado anímico actual.
4. Necesidades de estima. Esto ya sí que es el no va más, oigan. Se define como la aspiración al aprecio de uno mismo y de los demás y necesidad de una valoración de la propia personalidad estable, alta y con base firme. Pues mire usted que bien. Apreciarse a uno mismo es difícil cuando uno no sabe qué hacer ya para que le contraten en algún sitio y que sus historias de ligoteo duren más de cinco minutos: no te vamos a llamar ni para trabajar, ni para tomar café, ni para echarte un maldito polvo en un ascensor. Lo cual te deja una autoestima hiperelevada. Y te entran unas ganas inconfesables de apreciar a los demás (por supuesto).
Este señor divide las necesidades de estima en dos grupos:
a. Personal: sensación de competencia y confianza en el mundo y en los demás. Que sí, que yo confío un taco en ti. Que yo sé que mis sentimientos y aspiraciones son tan relevantes para ti como mi opinión sobre la alimentación transgénica y que no te vas a marchar a Australia a cazar canguros cuando te necesite.
b. Social: deseos de prestigio y reconocimiento por parte de los otros. Yo tengo un prestigio estupendo como tonto el pueblo… vamos, que me suelta unas lindezas el personal… Además, como mi ex se ha tirado a tres cuartas partes de la población mundial, todo el mundo me conoce: compartir babas une una barbaridad.
Total, que yo lo admito: estoy necesitado como el que más. Estoy falto, muuuu falto, maricones míos. Pero al menos lo admito, no me siento menos que nadie al hacerlo y no voy por ahí de sobrao’ cuando en realidad pido lo mismo que todo el mundo.
Humildad, esa gran desconocida…
[JAMIROQUAI - Virtual Insanity]
vaya con tu amiga, eso es sinceridad y lo demás chorradas! xD
nah, lo importante es eso, que no vas con la fachada por delante, así que ya caerá ya ^^
Por: Mar el Octubre 10, 2009
a las 7:39 pm
¡Estás fálico!!
paper mío… ¡ohhhhhhhhhhh!!!
¿Te gustan los falos? ¿Ahora te enteras? Jo… pues a mí me había quedado claro hace tiempo…
¿Ah? ¿dices? ¿Que el post dice fáltico, no fálico?
¡ah! jo… vale, vale, tampoco es para ponerse así… un fallo lo tiene cualquiera…
Total hablas de falta de falos…
vale, vale… me callo…
Si es que la gente no aguanta ya ni un enjambre de avispas en los huevos… ains.
besos.
muchos.
envueltos.
Por: tatojimmy el Octubre 11, 2009
a las 6:04 pm
Oye, que la amiga lo dice de buena fe y soy yo por cierto, ea.
Y como dice paper, todos tenemos necesidades… a las que hay que dar respuesta. Pero todos todos. No se salva ni el Tato.
Por: Blonde Moon el Octubre 12, 2009
a las 2:00 pm
Enhorabuena por tu blog esta genial!!! de lo mejor que he visto hace tiempo. Un soplo de aire fresco para el mundo mononeuronal del ambiente gay
Felicidades!!
Por: David el Octubre 24, 2009
a las 6:36 am
si Mahlou fuese Froid seguro que hacía más hincapié en algunas escalas de la pirámide
Por: ferendus el Noviembre 4, 2009
a las 10:55 pm