El otro día estaba en un Lefties con una amiga (la crisis es la crisis) y allí, entre montones de prendas estupendas hiperrebajadas, la chica, que debió sentirse en su salsa, me dijo así a bocajarro, sin anastasia ni nada, en tono solemne:
—Tengo una pregunta que hacerte.
—Quieres que me meta en el probador contigo, no me digas más. No pasa nada, yo eso lo hago muy a menudo con mis amigas y mis hermanas en el Breska, en el Sara, en el Magno… en todos esos sitios de lujo.
—Tengo un amigo.
—Muy bien. Di que sí, mujer, hay que relacionarse.
—No, que digo que tengo un amigo que es un poco especial… Me tiene un poco confundida, y es que no sé si es gay.
Y es que claro, la situación era de lo más propicia. ¿Quién no ha tenido una conversación similar, en referencia a la orientación sexual de una tercera persona no presente que resulta ser más ambigua que Miguel Bosé, mientras anda en medio de una tienda de ropa con una amiga que se vuelve loca en los bares de ambiente? Es un must del mundo marica, vaya. Y yo, que soy de natural altruista, insté a esta chica a profundizar en el asunto, como si estuviéramos en Confesiones o algo, y todo para resolver sus dudas existenciales y que se quedara tranquila.
—Es que verás, mi amigo tiene mucha pluma. Bueno, aunque eso no tiene nada que ver, que tenga pluma no quiere decir que sea gay.
—Ahá. Calaaaaaaaaro…
A ver, que hay cosas inicialmente mariconiles pero cuyo uso está de lo más extendido, como por ejemplo las camisetas rosa, los bolsos bandolera, los pendientes en la oreja, los bodys de cuero superponibles… todo ello ya no es indicativo de que la persona en sí que lo lleve sea gay; no confundamos. A mí esto me hace mucha gracia, porque, veréis, hace un tiempo alguien dijo “los heteros también pueden tener pluma, ser amanerado no quiere decir que el sujeto sea maricón”. Y sí, claro que no tiene por qué, pero ¿acaso alguien ha conocido en algún momento a un hetero, pero hetero de verdad, que tenga más pluma que Paco Clavel? Hagamos la prueba: que levanten la mano en la sala los que han conocido a un machote amanerado. A ver, contemos… Uy, pero si no hay “manos el aire”, como diría la Nelly Furtado en lo que ella considera español (debe ser español de Soria, porque yo no la entiendo un carajo). O sea, que a mí que me dejen de rollo, pero cuando un tío tiene pluma suele ser, así por decir algo, porque es gay. Y que nadie me venga con el cuento de “pero es que ese muchacho es amanerado porque se ha criado rodeado de mujeres, pero en realidad está casado y tiene niños”, que los bares de ambiente están llenos de tipos con muchas hermanas y con una marca muy sospechosa en el dedo anular.
Pero sigamos. Mi amiga continuó exponiendo su problema.
—Y resulta que a mi amigo le encanta Mariah Carey, Lady Gaga, Mónica Naranjo, Madonna y Britney Spears.
—¿Y tu amigo no deja ninguna diva gay a los otros maricones? ¿Todas para él?
Porque, queridas lectores, todos sabemos que no hay nada que a un marica le guste más, musicalmente hablando, claro está, que una de estas chicas modernas, fantásticas, autosuficientes, putitas y despechadas, de esas que hacen canciones que suenan en la radio y que tienen características muy definidas. A saber, suelen tener buenas voces (aunque Britney Spears cante menos que un grillo mojao’), suelen ser un poco guarrillas (enseñan cacha con minichols y escotes muy pronunciados) y hacen canciones para bailar como auténticas zorras en los bares de ambiente (siempre tienen algún hitazo pop-dance que hacen que los gays nos volvamos completa y absolutamente locas). Además, las hay para todas las generaciones (desde Tina Turner a la más actual Lady Gaga, pasando por la clasiquísima Madonna, Cher, Mariah Carey, Whitney Houston, Kylie Minogue, George Michael, Anastacia, Christina Aguilera, Beyoncé, Leona Lewis y Rihanna) y de varias nacionalidades (Paulina Rubio, de Mejicos; Shakira, de Barranquilla; Soraya, de España; Marta Sánchez, de Carlos Baute… y así).
Pero sigamos.
—Y mi amigo, además, cuando yo tengo una boda, voy a salir o algo, me paso por su casa y entonces él me da el visto bueno.
—¿El visto bueno?
—Sí. Él me mira y me dice “pues el pelo mejor déjatelo suelto o “en vez de esos zapatos ponte estos”; o también, “esta pulsera te queda genial con este collar”.
—O_O’
Porque claro, todo el mundo sabe que un heterochachi siempre, segurísimo que sí, será capaz de fijarse en el estilismo de su amiga y, no es que le diga que va guapa o fea, sino que le ofrece consejos pormenorizados sobre cómo sacarse partido con su pelo, con el maquillaje, con la moda o con los complementos. Claroquesí. Y es que el Marca trae una sección sobre cómo aconsejar a tus amigas, te lo digo yo. Preguntadle a vuestros amigos heteros, queridas lectoras, ya veréis como están superpuestos en todo esto.
Pero es que hay más.
—Y, además, cuando a lo mejor vemos una tía… por ejemplo, sale Angelina Jolie en la tele y entonces mi amigo la ve y dice “pero qué elegante es esta mujer vistiendo, qué guapa y qué labios más sensuales tiene”.
—X_X
Evidentemente, todos sabemos que los hombres heterosexuales de la especie llaman a una tía que les pone palotes “guapa”, “elegante” y “sensual” y no dicen “coño, no veas si está buena la jodía, que me pasaba toda la noche dándole lo suyo y lo de su prima”. Es que parece lo mismo, pero no es igual.
Y es que, queridas lectores, por mucho que nos pese reconocerlo, por mucho que se eleven grandes campañas políticamente correctas sobre la normalización social y sobre que los maricones tenemos que ser como heterosexuales, por mucho que no se pueda generalizar y por mucho que haya diferencias y de todo en la viña del señor, los tópicos existen en buena medida porque tienen algo de cierto.
Por eso, cuando mi amiga terminó su exposición y ya nos hallábamos en la sección de bragas-faja de saldo, la miré y le dije:
—Cariño, no sólo tu amigo es más maricón que Mariñas tocándose pensando en Cantizano con los ojos vueltos, sino que además está lanzándote señales desesperadamente para que le hagas caso, lo atrinques del brazo y te lo lleves a un bar de ambiente a bailar como una loca cosas como ésta: