—¿Te tomas una copa conmigo?
—No puedo. Le he echado una promesa a la Patrona de las Maricas Desgraciadas, a ver si me dejas en paz.
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—¿Aquel de allí no es tu ex?
—¿Cuál? No lo veo.
—El que va vestido de negro.
—Ah. Sí. Por fin ha cumplido su sueño de vestirse de mantilla.
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—Aquí hay alguien que se está fumando un porro.
—No se te ha ocurrido pensar que era incienso, por contexto y eso, ¿verdad?
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—Ese nazareno se parece mucho a mi ex.
—Por el amor de Dios, sólo se le ven los ojos. ¿No crees que estás un poco obsesionado con él, chato?
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—Me encanta la Semana Santa.
—¿Ah, sí? ¿Es que eres muy devoto?
—No. Es que hay TANTO uniformado por la calle…
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—¡¡Orgía en la cofradía!!
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—Cosas que ponen los pelos de punta: descubrir que el tío al que le entraste la otra noche viste vírgenes como afición. Hazte fan.
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—La música de Semana Santa es súpertriste.
—Sí. Qué pena que Madonna no haya sacado un disco de saetas.
—Tiempo al tiempo.
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—Si lo piensas bien, los bares de ambiente se parecen mucho a la Pasión de Cristo: siempre te toca la cruz de aguantar a algún pesao’.
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—Mi primo es nazareno.
—¿Por devoción?
—No, porque los tíos con túnica siempre han tenido su público.
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—¿En tu casa o en la mía?
—En ninguna. Es que en Viernes Santo no se puede comer carne.
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—Los bares en Semana Santa cierran más tarde.
—¿Será por fe?
—Claro. ¿No has notado que hay mucho marica de rodillas delante del camarero?
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—Me encanta el Cristo del Amor.
—¿Del Jamón?
—No has merendado, ¿verdad?
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—Eres un promiscuo, tío.
—¿Me lo dices tú, que esa virgen acaba de moverse para señalarte con el dedo y llamarte guarra con todas las letras?
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—¿Por qué estuviste con tu ex tanto tiempo?
—No sé, creo que fue algún tipo de penitencia.
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—Tiene un cuerpazo, pero es feísimo de cara.
—Siempre puedes tirártelo con capirote…
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—Él dice que es virgen.
—Pues será porque un montón de tíos lo pasean a hombros y coronado por las calles, porque por otra cosa…
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—Claro que me gustas y que quiero quedar contigo; es que ese cirio que sostienes… me intimida un poco, la verdad.
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—Tenemos que dejarlo. No es que no me gustes, es que estar contigo es un calvario.
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—Me gusta el Cristo Homo.
—Será el Ecce Homo. Cómo sois los maricones, que enseguida os creéis que todo el mundo es gay y que todo el monte es orgasmo.
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—Eres tan beata que en Semana Santa cambias tu corona habitual por una de espinas.
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—¿Vamos a ver al Desprendimiento?
—Sé que no te apetece mucho ver pasos, pero ¿no crees que deberías dejar de resumir la Pasión de Cristo y dejar de unir el Prendimiento con el Descendimiento, cari?
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—Que uniforme tan bonito. ¿Sales en alguna cofradía?
—¿No te has dado cuenta de que soy basurero, verdad, ni por las franjas fluorescentes ni nada?
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—Todos me dan la mano y después pasan de mí.
—Creo que deberías dejar de intentar ligar con nazarenos.
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—Señor penitente, ¿me echa usted un poco de cera en el pecho? Así, como en el vídeo aquel de Ricky Martin…
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—Hola, ¿estás solo?
—Qué va. El Señor está con todos nosotros…
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—Qué bien le veo. Tiene la cara como muy iluminada.
—Sí. Ha debido sentarse sobre un cirio encendido sin darse cuenta.
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—Enrollarte con un nazareno es divertido: siempre queda la sorpresa de quitarle el capirote y descubrir que es el ex de tu ex. El mundo de los maricones es Sodoma y Gomera.
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—¿Te vienes conmigo a casa a pasar un Sábado de Gloria?
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—¿A qué hora empieza la cabalgata?
—Te refieres a la primera procesión, ¿no? A ver si te crees que van a tirar caramelos…
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—¿Esto de perseguirme por todo el bar es porque te gusto?
—Qué va, es porque le eché una promesa a San Palomo Cojo, ¿no te jode?
jjajajajaj, la mia es ¡¡¡vacaciones!!
El otro día haciendo limpieza de vídeos favoritos de Youtube descubrí que habían eliminado el vídeo del chico aquel que vestía vírgenes de pueblo
La verdad es que hay un filón en esta semana. Lo del basurero me ha calado mucho.