Hoy estoy mediático

Y es que, parece que no, pero poco a poco uno va estando hasta en la sopa.

Tenemos reseña de Entrada + Consumición en Universo Gay.

Otra reseña en la Shangay (en la Shanguide, pero oyes, también me vale).

Una entrevista en la revista Qué Guay Madrid.

Y otra fantástica reseña en uno de los mejores blogs del mundo mundial, Confesiones tirado en la pista de baile.

Hala, casi ná.

Si todavía no la tienes, decirte y dejarte claro, e incluso amenazarte, que puedes solicitarla en cualquier librería (y si no la tienen, pide que te la traigan, que no les cuesta nada). Seguro, seguro, seguro, está en Berkana, en A Different Life (ambas en Madrid) y Cómplices (en Barcelona). También en Áncora (Málaga, Plaza Uncibay) y Collage (Málaga, calle Ríos Rosas).

Fueraparte, puedes pedirla en Amazon, y te la llevan a tu casita, pinchando aquí.

Que no se diga que no os lo pongo fácil.

Teta y sopa

El otro día estaba yo hablando con mi peluquero (sí, soy consciente de lo mariquita que ha sonado esta frase. ¿Pero qué esperabais a estas alturas, queridas lectores?) y tuvimos la típica conversación de estos tiempos. Y digo que es típica porque se oye por todas partes y a todas horas. A decir verdad, se producen más conversaciones de estas al día que orgasmos. Pero no voy a mantener la tensión por más tiempo. La conversación fue tal que así:

—¿Y qué, encuentras trabajo?

—Qué va. Ayer abrí la página de Infojobs y al darle a “buscar empleo” se oyó un grillo: cri cri cri, cri cri cri… Y luego pasó una planta rodadora del desierto.

—Si es que está la cosa fatal. A ver si por fin llega el cambio de gobierno y los del PP arreglan esta situación.

—¿En serio crees que ellos van a arreglar las cosas así porque sí?

—Claro. Seguro que crean empleo y entonces todo se arregla.

—Sí, claro. Seguro. ¿Pero a costa de qué? ¿A costa de recortar derechos? ¿A costa de hacer un tapadillo pan pa’ hoy hambre pa’ mañana? Porque te recuerdo que una de las cosas que tienen en mente es luchar contra el derecho de los gays a casarse.

—Ya. Pero es que eso es así. Teta y sopa no caben en la boca. No se puede tener todo.

Estoy convencidísimo, pongo la mano sobre mi primer pequeño Pony que me regalaron cuando era chico, que ustedes que me leen han mantenido una conversación de semejantes características o la han escuchado en el metro, en el gimnasio o en la biblioteca. Porque es lo que toca: política. En cuestión de semanas el bombardeo al que nos someteremos gracias a eso que llaman campaña electoral (y que ya ha empezado, sólo hace falta que vean un telediario o se lean un periódico un rato) nos asaltará en todas partes. Y los peperos se relamen, porque saben que vivimos en un país en el que los principios, los valores y esas cosas no cuentan para nada.

Y no es por nada, pero si ustedes lo piensan durante un breve instante se darán cuenta de que los de la gaviota no han hecho nada en absoluto para ganarse la victoria que va a caer en sus manos con esplendorosa facilidad. De hecho, hace unos días tuvo lugar en Málaga una cumbre de peperos en las que Rajoy ni siquiera se dignó a revelar un ápice de su programa electoral. Es más, yo creo que ni siquiera dispone de uno. Porque, en resumidas cuentas, aunque se pueda decir que los socialistas la han cagado, ellos no han hecho otra cosa salvo señalar con el dedo y reírse. Por lo demás, ni se han inmutado.

Por eso mismo no entiendo qué le hace pensar a más de la mitad de los españoles que la solución a la crisis va a ser ese hatajo de maleducados que no sienten respeto por nada ni por nadie y que son prepotentes hasta decir basta. Sin ir más lejos, no hay más que echarle un vistazo al tuit que le envió a modo de sorna, cachondeo y actitud chulesca un integrante de las filas del Partido Popular a la periodista Ana Pastor en referencia a su inminente salida de RTVE en cuanto ellos alcancen al poder. Luego dijeron que era una bromita. Claro. Es fantástico que alguien bromee sobre política, sobre puestos de trabajo y sobre estabilidad personal y laboral en estos días tan chupiguays.

O sea, que teniendo en cuenta las características que reúnen esos tipos, apenas puedo creerme que la gente vaya a votarles con ciega devoción esperando que solucionen una crisis que, por si no se habían dado cuenta, no es un española sino mundial. Y, bueno, no es por nada, pero hay que estar muy ciego para creer que Mariano Rajoy va a ser un presidente estupendo en España. Joder. Que es que tiene cojones, con el carrerón que lleva el tipo hasta el momento.

No obstante, independientemente de lo en contra que yo esté del partido de la gaviota (a estas alturas yo creo que si no engaño a nadie con mi orientación sexual tampoco voy a confundir siquiera con esto), la otra cosa que me sorprende de la conversación es el hecho de que se acepte tan tranquilamente, sin patalear ni indignarse ni nada, el hecho de que nos digan que para conseguir empleo y prosperidad económica nos van a quitar derechos. O sea, te dicen: mira, sí, te vamos a dar mejores condiciones económicas para que puedas comprarte un coche mejor dentro de tres años y mucha ropita de marca y vivas a cuerpo de rey, pero a cambio vamos a recortar aquí y allá, vamos a privatizar y, además, te vamos a quitar el derecho a casarte. O, al menos, como dice Rajoy, que todavía no sé a quién coño pretende engañar, a que nos unamos pero lo nuestro no se llame matrimonio. Y lo que hacemos nosotros es encogernos de hombros. Ay, sí, sí, venga, guay, que quiero una tele más grande para el salón. Y es que en el fondo somos así de gilipollas.

Y yo, miren ustedes, no es por nada, pero no me sale de los cojones conformarme. Así que, a menos que me apunten con una pistola a la cabeza, no pienso votar a un partido que, de entrada, ya me está considerando un ser inferior. No sé si traen un fajo de billetes bajo el brazo o si pretenden ofrecerme un superpuesto de ejecutivo. Me la suda. Porque hay ciertas cosas que yo considero básicas. Que sí, que comer y tener trabajo es muy importante, pero ir por la vida sin tener que agachar la cabeza no lo es menos. La teta y la sopa sí caben en la boca, tienen que caber, no veo por qué han de pugnar por un lugar. No me da la gana. A mí me cabe todo. Aunque suene así de mal. Todo. Y no pienso conformarme con menos.

Presentación malagueña

Efectivamente, tenemos nueva presentación de “E+C”, esta misma tarde 14 de octubre, a las 20.00 horas en Collage, la tienda que te entiende (c/. Ríos Rosas, 9, junto a Armengual de la Mota, detrás de El Corte Inglés).

Tras el éxito de la presentación en Madrid, ya digo yo que con esta arrasamos.

Risas y firmas de libros aseguradas. No vean la que tengo preparada, maricones.

No me falten, que luego se arrepienten.

El librico que te hará recuperar la confianza en la literatura, tía.

La presentación de “E+C” en vídeo

Como yo sé que hay quiénes son masocas curiosos y quieren torturarse deleitarse todavía más con mi estupenda, maravillosa y fantástica presencia, aquí dejo los enlaces a los vídeos de la presentación de “Entrada + Consumición” que se realizó el pasado 23 de septiembre en la Librería Berkana.

Como pueden ustedes comprobar, contamos con la asistencia de personajes ilustres, como la señorita Libertad Morán y Don Diego Manuel Béjar, ante los cuales pueden ustedes tocarse todo lo que quieran gracias a Sonia Rubio, la responsable de que dispongamos de este material gráfico inédito e histórico.

Hale.

 

 

 

Ahora me gusta ir de bohemio

Si algo ha debido quedar claro a mis queridos lectoras durante todo este tiempo, es que servidor está como un cencerro. De verdad. Cómo te lo cuento, mari. No se vayan a pensar que esto me pilla de nuevas. Qué va. Yo ya lo sabía. Incluso cuando era pequeño, edades tiernas e inocentes en las que me dedicaba a mirarle el paquete a mi profe de gimnasia (un salido saludo si me está leyendo: qué bien te sentaban los chandals, hijo, qué contenta debía estar tu mujer).

Yo digo que estoy majara  por la sencilla razón de que hago diez mil millones de cosas. Todo me interesa, quiero aprenderlo todo, todo me estimula (no seáis guarros), todo me excita (que no seáis guarros, leñe). Soy capaz de apuntarme a un bombardeo. Me paso el día corriendo de un lado a otro, sin tiempo para nada. Un drama. Es que no me da tiempo ni de rascarme los huevos cuando de verdad me pican. No me veas, el derecho ya no me habla, dice que ya no me necesita, que quiere irse de casa del calzoncillo, y el izquierdo acaba de denunciarme por no hacerle ni caso. Los servicios huevales están a la vuelta de la esquina; te lo digo yo, que termino perdiendo la custodia. Menos mal que mi novio de vez en cuando me los cuida, como las abuelas que cuidan de sus nietos para que sus hijas puedan conciliar la vida laboral y familiar, ¿sabes?

Fueraparte (que es una expresión así muy estupenda que usan los kinkis de mi barrio), no es que yo me queje de la cantidad de cosas que tengo que hacer, puesto que las hago porque quiero, no por obligación. Para que nos entendamos, me embarco en todo tipo de proyectos, pero casi siempre por voluntad propia: que si la carrera, que si un curso de Fotografía, que si ahora me hago una beca por las mañanas de comunicación, que ahora me comprometo a pintar mandalas, que si me planteo hacer yoga porque… mira, niña, algo hay que hacer para relajarse y concentrarse y no ir por la calle con la mirada perdida, castañeteando los dientes y oyendo voces que te incitan a pegar a la gente o a quemar cosas… Total, que al final uno acaba teniendo una agenda más apretada que la de la Familia Real. O como dice mi amiga Ainos, más apretada que un dedo en el culo (aunque, depende, clarostá, del culo de cada cual. Vamos a dejarlo aquí porque sé que terminaremos hablando de agujeros negros. Espaciales, agujeros negros espaciales). Pero lo peor, lo más trágico, lo que haría que la mismísima Escarlata O’Hara apareciera en este blog con el dorso de la mano en la frente, es que a pesar de no tener ni un segundo del día libre, uno es pobre. Muy pobre. Sí. Muchísimo. Una barbaridad.

Y tú pensando que con esto de los libros y tal me estaba haciendo rico, ¿eh? No, hijo, no. Amor al arte.

O sea, un drama.

Porque mira, tía, yo no lo entiendo. Se supone que cuando uno no para en todo el día es porque está haciendo montones de cosas que, fundamentalmente, le dan dinero. Porque, a ver, que nos entendamos, es más importante ganar dinero que hacer un curso de macramé, por mucho que te guste el macramé. Imagínate, por un momento, que te quieres apuntar a un curso de untar mantequilla de cacahuete en pan de molde (es que ahora hay cursos de formación de toro, toro y toro) y te dicen que es por las mañanas y resulta que tú por las mañanas tienes que trabajar. ¿Qué pasa, que ahora vas a dejar de trabajar para hacer el cursito este? Pues claro que no. El dinero es el dinero, lo primero es lo primero. Sí, yo soy así, siento defraudaros, soy materialista. Me encantaría disponer de dinero a espuertas, aunque sólo fuera para darme la satisfacción de ir por la calle tirándolo tan ricamente, moviendo la boca y poniendo caras, como si estuviera en un videoclip. O, ya puestos, me encantaría tener montañas de dinero para no pasarme el día preocupándome de qué narices voy a hacer con mi vida cuando se me acabe lo poco que tengo ahorrado. Es que, de verdad, es una faena: uno no puede pensar en otra cosa. Haga lo que haga, se pasa el día entero escuchando una voz que dice: “¿y ahora qué, maricón, cómo vas a conseguir dinero para pagarte las copas y hacer gala de esas borracheras de las que vas presumiendo por ahí? Porque, es verdad, como uno no es guapo tendrá que presumir al menos de ser borracho. Pero el quid de la cuestión es que ser pobre no me deja ver el mundo con claridad ni concentrarme en mi arte (siempre he querido decir una frase así). Ergo yo me quejo no de tener demasiadas cosas que hacer, sino de no tener ni un duro, aun a pesar de que no paro.

No obstante, tengo que decir que yo hace mucho, mucho, mucho tiempo tenía un trabajo estable. Que sí, oye, que es verdad. Con contrato y todo. Ya, ya sé que os parece mentira, que se os ha quedado la boca seca y el ojete comprimido. Pero hace años yo estaba indefinido en una empresa y cobraba un sueldo fijo mensual. Esto tenía sus pros y sus contras.Verán ustedes, queridos lectoras, no era nada del otro mundo. Además se trataba de un trabajo absorbente: tenía que estar todo el día pringado y además debía tener un horario flexible: esta es la manera fina de decir que había días que en lugar de salir a las 7 de la tarde, que era mi hora estipulada, salía a las 10, a las 11 y hasta a las 12 de la noche. Esto es, no podía hacer ningún tipo de planes. Tenía una de esas vidas aburridas: del trabajo a casa y de casa al trabajo. Puede que los fines de semana hiciera algo de vida social, pero por lo general estaba tan cansado y la perspectiva del lunes siguiente, otro lunes igual, me resultaba tan desalentadora, que al final me deprimía. Vamos, que yo siempre he dicho que lo de estar cuerdo está sobrevalorado. Esa gente que a los treinta lo tiene ya todo clarísimo, la vida solucionada y no se comporta de vez en cuando como si le hubieran dado un ladrillazo en la cabeza dan muchísima pereza. Por eso un día se me junto el positivo con el negativo y dije que me piraba del curro (mazo guay).

En definitiva, que ahora me quejo mucho, que es verdad, que ser pobre es una mierda, que no tener tiempo es un agobio y todo eso, que se me va la olla apuntándome a todo lo que me sale sin organizarme y sin pensar siquiera en si dispongo de tiempo material o no; pero en el fondo, muy en el fondo, cada vez que me quejo me acuerdo de aquellos tiempos en los que me aburría como una ostra, en los que sentía que estaba tirando mi vida por el retrete, en los que albergaba la impresión que estaba desperdiciando mi tiempo, y me doy cuenta de que aquello no era lo que yo quería. Es verdad, tenía la vida medio resuelta y menos preocupaciones, pero era muchísimo más infeliz. Es posible que se deba a que me gusta ir de guay, ¿sabes? Sí. Eso dicen. Y a lo mejor es verdad. Va a ser que me gusta este rollo caótico. Ahora me gusta ir de bohemio. Porque puedo hacer tooodo lo que me dé la gana. Algo medianamente bueno debe derivarse de esta mierda de situación…

Eso sí, que sepáis que con este ritmo frenético de vida me voy a volver majarón perdido. Y mis huevos van a necesitar alguien en plenas facultades que los cuide.

Y ahora, ya sí, hago turmix por el foro, que me han dicho que dormir es bueno para el cutis.

Amor, presentaciones, cortes de manga y maricones

… ¿Que cómo fue lo de Madrid? Pues mira, tía, eres la persona un millón que me lo pregunta y ya no sé ni qué contestar. La verdad es que fue que te cagas. Fue tan fuerte todo que me he llevado más de una semana para actualizar esto, porque quería asentar tanta emoción, tantos nervios, tantas cosas que me sucedieron en muy poco tiempo. Y la cosa es que uno se imagina en la tesitura, pero nunca sabe realmente cómo se va a sentir.

Y, tía, yo me sentí desbordado completamente. En primer lugar porque la presentación fue chachiguay. La Librería Berkana se llenó hasta los topes. Una gozada. Se vendieron casi todos los libros. Asistieron personas muy importantes para mí. Algunas hacía meses e incluso años que no las veía. Otras las había visto el día de antes, pero para mí fue prácticamente lo mismo, me hizo mucha ilusión porque, sabes, uno no se da cuenta verdaderamente de la de gente que tiene alrededor apoyándole de un modo u otro hasta que no se enfrenta a uno de estos instantes claves. Y fue clave porque, mira, te voy a ser sincero: yo parecía la novia de una boda, maricón, que estaba que me subía por las paredes del coche que me transportaba hasta Madrid. Me iba a dar algo malo. Incluso llegué a afirmar claramente en algún momento: “¡¡¡Pues ya no voy!!! ¡¡¡Que presente el libro otro!!!”. Un drama absoluto. Porque lo mío es una de esas historias en las que la chica fea del instituto al final consigue ser reina del baile. Y, realmente, por mucha corona que lleve, uno nunca sabe cuando la niña fea va a volver a invadirle en todo su esplendor para hacer su aparición mediante un fantástico y estupendo ataque de pánico, rollo “no puedo, no puedo, dejadme que respire en una bolsa de papel”.

Pero no, ¿eh? Al final estuve ahí, como un campeón. Y aunque estaba histérico lo llevé bien o, al menos, mejor de lo que yo esperaba. Si hasta parecía que no quería que la tierra se abriera y me tragara para no escupirme nunca jamás… Y fue genial porque de algún modo, mientras estaba ahí delante de todo el mundo hablando sobre “Entrada + Consumición” y diciendo mis habituales gilipolleces producto de los nervios sentí que eso era algo que había deseado durante mucho tiempo. Y estaba sucediendo.

Lo demás fue una vorágine de caras, de firmas de libros, de copas, de conversaciones, de besos, de achuchones, de llamadas de teléfono, de mensajes, de emails, de yo queriendo pasar tiempo con todos y cada uno de los que decidieron rodearme, de yo luchando por exprimir los segundos intentando compartirme. Tía, no es por nada, pero al margen de que lo consigas o no, albergar semejante deseo imperioso de compartirte es una gozada, algo mágico. Poesía cósmica.

Que sí, nena, que ya sé que estoy contando esto en plan princesa Disney, que no te lo crees, que ya lo sé, que todos sabemos la mala baba que me gasto, todos somos conscientes de que servidor siempre se guarda un doble revés para todo. Y, efectivamente, tal y como me dijo mi queridísima Ainos el día de antes, esto también sirve para hacer algún que otro corte de manga. Sonará resentido, pero cuando pasan cosas como ésta uno también recuerda a esas ciertas personas que trataron de hundirlo o que le pusieron la zancadilla. Que haberlas las ha habido, oiga. Así que, permíteme, tía, que aparte de dar las gracias a la vida, al amor, a la amistad, a mi talento, al editor que se fijó en mí, a mi vecina Sebastiana, a la quiosquera, al panadero por hacer unos bollos tan ricos y a su puñetera madre por haberlo parido, haga unos cuantos cortes de manga de esos que suenan mucho. Así, eso es. Justamente de esos. Hale, ahora sí, ahora ya me he quedado a gusto, como si me hubiera quitado una braga faja y mis carnes se expandieran. Que sí, que yo sé que las carnes no son bonitas, que hay que guardar las formas, que estilizado estoy más mono, pero las carnes están ahí. Y otra cosa no, pero lo que es es, y como dijo la Agrado, una es más auténtica cuando más se parece a lo que ha soñado de sí misma.

 

Eso sí, a los demás os quiero mucho. Con locura.

¿Que cómo fue lo de Madrid…?