Ya está. Se acabó. Al final voy a tener que escribir del cartel de la Feria de Málaga de este año. Y miren ustedes que me estaba conteniendo, pero no paro de leer artículos, comentarios y tuits de muy diversa índole que me generan todo tipo de reacciones, aunque la más común es la de echar espumarajos por la boca, la verdad sea dicha.
Para los que no conozcan la polémica, la explico en este párrafo. Los que ya la conozcan y estén tan hasta el petete del tema como yo pueden saltárselo si quieren (así soy yo, un tío considerado). La cosa es que el Ayuntamiento de Málaga ha convocado un concurso para el cartel de la Feria de este año. La ganadora ha sido una chica de Murcia. No pasaban ni cinco minutos desde que se diera a conocer la noticia cuando se descubrió el pastel: la susodicha había utilizado una plantilla descargada de Internet para el diseño, le había añadido unos lunares, un par de palabras, et voila, cartel de la Feria al canto. 3.500 euros de premio contantes y sonantes.
Ahora bien, todo el mundo tiene una opinión sobre el tema. Vamos a resumirlas, para que queden bien claritas:
-Se lo podían haber dado a alguien de Málaga. El ya clásico localismo de “con los buenos diseñadores que hay aquí se lo dan a una que no conoce de nada la feria y que, además, es murciana (sí, la gente es muy así).
-El diseño no contiene nada que haga referencia a la feria de Málaga. Estos son los que abogan por el traje de gitana, la botella de Cartojal y todo el costumbrismo que rodea habitualmente a la feria en sus carteles.
-Pues a mí me gusta, porque es moderno e innovador. Pues claro, también hay opiniones favorables, a ver qué os pensábais.
Y ahora viene la mía, de la que voy a hablar aquí. Y no lo digo como alguien que no tiene ni puta idea y muchas ganas de criticar, sino como diseñador gráfico experimentado, con varios añitos de experiencia ya.
No se trata de que el cartel guste o no guste, de que sea tradicional o moderno o de que haya sido una chica de Murcia o del Barrio de la Trinidad la que lo haya realizado y ganado el concurso. Se trata de otra cosa. Se trata de que es vergonzoso que un concurso en el que se evalúa el diseño gráfico gane una plantilla. Da mucha vergüenza, como profesional. De verdad.
Las plantillas en Internet están para utilizarlas. Este es uno de los argumentos que se utilizan para defender el hecho de que esa muchacha la haya usado. Esto es evidente, claro. Los recursos gráficos que los profesionales compartimos en la red están ahí para facilitarnos la vida. Están ahí para que en un momento dado en el que tengo tres minutos para hacer una portada o un diseño pueda tomarlo y usarlo. Es así. Hace un mes, sin ir más lejos, yo mismo utilicé la plantilla de base del cartel para hacer una portada. ¿Cuál es la diferencia? Que yo la usé para un documento interno, de uso privado, no para ganar un concurso en el que se premiara mi creatividad y mi valía como diseñador gráfico. Porque es eso lo que se premia en un concurso de estas características, que algunos dicen que el resultado es lo que cuenta, pero no. También cuentan (o, al menos, deberían contar) otras cosas.
El problema fundamental de todo esto es, sencillamente, lo escasamente valorado que está el Diseño Gráfico como disciplina y como profesión y lo que se denosta habitualmente y sobre todo por gente que no se dedica a esto y, por lo tanto, no sabe en qué consiste. A ver, les explico. Si esto hubiera sido un concurso literario y alguien hubiera presentado fragmentos de otra obra con leves variaciones, todos nos habríamos echado las manos a la cabeza. Lo mismo habría sucedido si se hubiera tratado de un concurso de pintura y alguien hubiera enviado un cuadro famoso levemente modificado, por atractivo que hubiera sido el resultado. ¿Qué diferencia hay? Pues la diferencia básica es que mientras la Literatura o la Pintura son disciplinas reconocidas cuyos creadores gozan de renombre, hay una idea clara y generalizada en torno al Diseño Gráfico: “Eso lo puede hacer cualquiera”. Así es. La gente no valora el diseño gráfico lo más mínimo. No estoy hablando del esfuerzo, estoy hablando de la creación, de la originalidad. Si en lugar de la plantilla la muchacha hubiera puesto tres cuadros y dos palotes, les aseguro que no la criticaría, porque al fin y al cabo, me gustara más o me disgustara, se trataría de una creación propia. A veces los diseños más simples y en los que se emplea menos tiempo son los más llamativos y rompedores y los que pasan a la historia. Pero desde luego no están hechos a través de una plantilla de Internet, en lo cual no se aprecia ni siquiera el mínimo esfuerzo y, lo que es peor, el respeto básico que merece esta profesión, tanto por su parte, al presentar a concurso algo así, prefabricado y ajeno, como por la del jurado, por considerar que el diseño consiste en eso: en coger un cacharro sacado de Internet y en cinco minutos hacer un cartelito mono. Pues mire usted qué bien. Con razón en las ofertas de Internet piden un diseñador gráfico que sepa hacer de todo (diseño web, programación, diseño 3D, burbujas con el ojete…) y todo por 600 euros mensuales. Total, si el diseño es una cosa muy tonta que puede hacer cualquiera…
Así que, me van a disculpar todos aquellos que defienden el cartel de marras desde el punto de vista estético. Yo lo único que veo premiando un trabajo de estas características, independientemente de lo bonito o lo feo que haya sido el resultado o de que ella sea de Pucela o de Albacete, es el poco respeto que se tiene por el diseño gráfico como disciplina artística y como profesión. Pero no sé de qué me sorprendo, si llevo años escuchando por ahí a diestro y siniestro que yo lo que hago son dibujitos y que eso lo puede hacer cualquiera. Está claro que se trata de una opinión general.

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