Es la base de la demagogia: mezclar churras con merinas. Y yo es que, tía, lo veo en todas partes. Es supermoda.
Mira que me gusta poco el fútbol. Es que no me gusta nada de nada. No sólo porque el deporte en sí no me atraiga e incluso me acarree ciertas reminiscencias de mi infancia y los traumas psicológicos asociados a la misma (qué le vamos a hacer), sino por el sentimiento que suscita entre los cazurros de mi barrio, quienes deciden pasarse la noche gritando debajo de mi ventana y haciendo sonar los cláxones de sus coches y las putas trompetillas esas de los cojones (que, por cierto, descubrí con gran disgusto, que regalaba la Coca-cola). Sin embargo, todavía me gusta menos esa demagogia que se crea en torno al tema de “mientras vosotros celebráis la victoria de España, la crisis nos está matando a todos, en Valencia arden los bosques y un escarabajo se ha partido una de las patitas”. Que digo yo, que es verdad, que ojalá lo que suscita el fútbol, esa amalgama de gente tirada en la calle dispuesta a todo, lo generaran otras cosas como los recortes que estamos sufriendo, pero hacer una relación directamente proporcional y lógica entre ambas cosas es mezclar churras con merinas.
Igualmente, todavía leo opiniones sobre el cartel de la Feria de Málaga, que tantos y tantos disgustos me está trayendo (no me deja ni dormir, coñe) de quienes continúan defendiendo el uso de una plantilla bajada de Internet basándose en el uso que del collage han hecho muchos artistas reconocidos. Y es que ya, lo último es comparar a una cualquiera que ha decidido coger una plantilla y presentarla a un concurso para ganarse unas perras con facilidad pasmosa con un artista que consagra su vida a experimentar con la realidad y el arte. Lo mismito, oigan. Picasso y la ganadora del cartel de la Feria de Málaga, dos almas incomprendidas y transgresoras que causarán conmoción en la Historia del Arte.
Lo que yo te diga, que nos encanta mezclar. Y de paso, hacer un poquito de demagogia barata, que es tendencia y todo el mundo sabe que hay que estar a la última.
