Miedo

Ser hermético no sirve de nada. De nada en absoluto. A pesar de lo que a muchas personas les encanta afirmar con rudeza y cierto aire de condescendencia hacia aquellos que no siguen su ejemplo, parapetarse en la dureza acusada de las rocas como mecanismo de supervivencia es una tontería de proporciones mayestáticas. Al menos cuando se toma por costumbre.

No puedo remediarlo: odio a la gente indolente. Y a veces, muchas veces, tengo miedo de convertirme en uno de esos individuos con el paso del tiempo. Oh, no es que crea que va a ocurrir de la noche a la mañana, pero los sucesos fortuitos que pueden acontecer en mi existencia pueden ser muy variados. Ya sabes, es un proceso harto habitual, eso que tiene lugar cuando eres muy sensible y algo que te pasa te hace tanto daño que eres incapaz de lidiar con tanto dolor: mutas, cambias, asesinas tus emociones y algunos valores aparejados. O, tal vez, únicamente los escondes. En cualquier caso, da lo mismo: es sucumbir, rendirse, doblegarse. Pusilánimes.

Los indolentes van de fuertes porque creen que el hecho de que nada les afecte o les desequilibre los convierte en seres indestructibles y valientes. La fachada vende, es así. Sin embargo, la verdadera fortaleza y la valentía heroica se halla en aquellos que son capaces de dejarse afectar por todo y por todos y aun así continuar mirando hacia delante sin que eso les modifique ni un ápice esa cualidad de permeables. Nunca me cansaré de repetirlo: ser más fuerte no es ser más insensible.

Yo quiero ser permeable, quiero que las cosas me afecten, quiero exponerme al mundo y sentir todo eso que me ofrece, sea lo que sea. Para eso estamos aquí, ¿no? Pero, en ocasiones, me desconecto sin querer de mis sentimientos porque tengo miedo. Normalmente, el miedo huele a humillación, denota debilidad y me traslada a esos instantes de mi niñez en los que me sentía indefenso y vulnerable. El miedo me hace sentir como un crío asustado. Estoy aterrado. Tengo miedo de que si enseño lo que soy y lo que siento, el mundo vuelva a hacerme daño. Sé que es un sentimiento pueril. No debería dejarme llevar por él. Por eso, en ocasiones, me convierto en la sombra de todo lo que siento y pienso, apenas un amago de aquello que podría ser o de aquello que alguna vez fui. Enseño la patita en un patético intento de poner a prueba mi entorno, saber si de nuevo van a sacudirme tanto y tan fuerte que el mapa que habitualmente llevo se me va a volver a borrar.

Muchas veces tengo miedo, pero, ¿sabes una cosa? Todos lo tenemos. Estamos acojonados. Y ser hermético no sirve de nada, en absoluto. Lo tengo visto y comprobado. El miedo no se combate escondiéndote en tu carcasa e impidiendo que el resto de la gente pueda ver quien eres. El miedo se combate saliendo al mundo y exponiendo tus heridas más profundas. Por supuesto que tiene sus riesgos. Es probable que haya quienes al verlas se asusten y salgan corriendo. Muchos, en cambio, se acercarán a ti frotándose las manos y les añadirán sal a propósito para que escuezan. Otros las ignoraran porque es mucho más fácil engañarse pensando que no existe el dolor. Sin embargo, es probable que haya algunos, muy pocos tal vez, que se queden a tu lado y te ayuden a curarlas y a cicatrizarlas como auténticos enfermeros expertos. Es la única manera de identificar la calidad humana y descubrir lugares en los que sentirse confortado: brazos que acogen, que no asfixian ni rompen huesos.

Ser hermético y fingir que no tienes miedo es estar sin estar, es vivir sin vivir. Es como estar muerto sin estarlo. Y a mí me encanta sentirme vivo. Manías que tiene uno. Probablemente, vaya a seguir enseñándote mis heridas y mostrando mi miedo. Pero, ¿sabes qué? Lo peor de las personas suele ir unido inevitablemente a lo mejor. Tengo el defecto de ofrecerlo todo cuando creo que merece la pena, cuando descubro algunos de esos brazos acogedores. Es que eso no ocurre muy a menudo, qué quieres que te diga: son un bien escaso, los aprecio como oro en paño y me despiertan el querer. Y como dice esa canción que tanto me gusta, “yo cuando quiero, quiero, quiero”.

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Un comentario en “Miedo

  1. Mm que gran texto, tal vez porque me haya recordado alguna etapa de mi vida o a ciertas personas, pero estoy muy de acuerdo en lo que dices. Y como todo, nada es negro o blanco..

    muchos saludos!

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