Abuso comercial

Hace pocos días presencié una de esas escenas que a todos, de seguro, debe sonarles. Giraba en torno a un vendedor intrépido (llámese comercial en los tiempos modernos, comercial desesperado por hacer clientes y que le paguen un sueldo mísero) y un potencial cliente. Con estos datos no es muy complicado adivinar que me estoy refiriendo a la muy extendida estrategia de ventas personal. Se lleva mucho, es muy moda, de verdad.

La estrategia de ventas personal no es otra que la que se lleva a cabo a través de múltiples frentes y a los cuales nosotros, los pobres sujetos que para las empresas no representamos más que números, potenciales clientes o lo que se conoce como target, nos vemos expuestos a todas horas del día. Imaginen que van caminando por la calle tranquilamente y que, de repente, les para un tipo con una carpeta y les empieza a contar que si se hacen una tarjeta nosequé van a tener descuentos en todos los establecimientos de la zona. Imaginen que se sientan en un parque y que una chica muy mona les cuenta que el banco nosequé hace promociones espectaculares. Imaginen que están tranquilamente en casa a la hora de la siesta y les suena el teléfono y un operador intenta que se cambie usted a una compañía chachi guay que no le cobra el establecimiento de llamada de una y media de la madrugada a tres menos cuarto. Imaginen que van por la calle hacia un bar porque han quedado con sus amigos y una tía plastificada se les acerca con un flyer de nosequé e insiste en llevarles ella mismo al puñetero bar.

Saben de lo que les hablo, ¿verdad?

Por supuesto que lo saben. Los vendedores se ha convertido en el terror de los terrores, no me digan que no. Ojo, que no les hablo de los vendedores que se ubican en los lugares destinados para ello (una tienda, por ejemplo), sino de aquellos que les sorprenden en sus actividades cotidianas a bocajarro, sin miramientos. Nos pillan distraídos, haciendo otras cosas, con la guardia bajada. A mí me da tal apuro que en cuanto vislumbro a uno de estos comerciales sedientos de clientes soy capaz de cambiar de acera (en sentido literal, claro. No está uno como para volverse hetero a estas alturas), de dar un rodeo o de fingir que estoy hablando por el móvil. Es tremendo.

Yo entiendo perfectamente que los comerciales, a pesar de transformarse a través de mi mirada ultrasensible en auténticos demonios a los que evitar, no están haciendo otra cosa que su trabajo. Que sí, que tienen que conseguir clientes, que lo que ustedes quieran. Pero hay que reconocer que en multitud de ocasiones se ponen de lo más pesaditos. No entiendo por qué, debe tratarse de una conspiración a nivel internacional o de que la órbita de la Tierra interfiere en el movimiento de traslación de Saturno. La cosa es que a estos tipos tu “no me interesa” les suena a “cuéntame más, venga, cómeme la cabeza y la moral hasta que puedas convencerme. Soy fácil, diré que sí”. Me recuerda un montón a lo de “una mujer que dice no, en el fondo quiere decir sí”, como si en el fondo no tuviéramos voluntad ni autoridad para negarnos.

La escena a la que me refiero al principio de este artículo tenía lugar en una vivienda (lugar íntimo por excelencia). Resulta que suena el timbre. Una pobre alma cándida abre la puerta y se encuentra con dos tipos que, carpeta en mano, tratan de convencer a la señora en cuestión de que contrate Internet con una compañía de cuyo nombre no quiero acordarme. Se anuncian:

-Venimos a ofrecerle algo que sus vecinos ya han contratado.

Bajo la sutil estrategia de la conformidad con la mayoría, estos tipos intentaron durante cinco minutos convencer a una señora que desde el principio les estaba diciendo que no le interesaba lo más mínimo lo que tenían que ofrecerle. Pues bien, los dos tipos de la carpeta no sólo hicieron caso omiso de su desinterés sino que llegaron incluso a ponerse agresivos mientras pronunciaban frases como:

-¿Así que no quiere usted pagar menos?

Aquello parecía un interrogatorio de película de gángsters por el tono que los señores de la carpeta utilizaban. Qué barbaridad. La pobre señora estaba sudando la gota gorda y se debatía entre mandarlos a la mierda o cerrarles la puerta en las narices sin ningún atisbo ya de educación (las formas y la paciencia se pierden a la enésima vez que le intentas transmitir a alguien de forma sutil que te deje en paz). Finalmente, la señora dijo que la estaban llamando por teléfono (algo que, obviamente, era mentira) y con esa excusa se despidió.

Esto no es nuevo: la gente se aprovecha de la gente. Es así, desde tiempos inmemoriales. Porque estos señores y muchos de los que insisten una y otra vez se aprovechan de la buena voluntad de los potenciales clientes. Esta buena voluntad se basa principalmente en el miedo que tienen a decir no y a quedar como un borde desairando al vendedor. La persistencia de la que hacen gala mezclada con una pizca de agresividad (agresividad que puede ocultarse y de hecho se oculta tras la cara más simpática del mundo) induce al comprador a pasar por el aro con tal de no verse en la obligación de tener que ponerse firme, de discutir, de despreciar, de pedir ya de malas maneras que le dejen en paz. Los vendedores abusan de la paciencia y de la buena educación de sus potenciales compradores. Son tan persistentes que incluso te hacen dudar de tu criterio (¿no quiere usted pagar menos?, lo que se traduce en “es usted idiota, quiere desperdiciar el dinero”). Es aterrador. Recuerdo que durante una época los operadores de Vomistar me llamaban una media de seis veces al día, desde las ocho de la mañana hasta las doce de la noche. Si les colgaba volvían a llamar. Y si les cogía el teléfono para decirles que me dejaran en paz, me pedían disculpas por las molestias y aseguraban borrar mi nombre de la base de datos, pero dos días más tarde volvían a la carga. A mí me van a dejar de tonterías, pero esto me parece un abuso y un acoso en toda regla.

De verdad que yo no entiendo esta estrategia de ventas, desde ningún punto de vista. No creo que sea efectiva. A lo mejor me equivoco, no dispongo de datos, pero tengo la impresión de que el puerta a puerta y el persona a persona está pasado de moda. Actualmente, estamos acostumbrados a comprar por iniciativa propia, adquirir un producto u otro porque nos apetece, porque queremos, sin que nadie trate de meternos la idea, al menos de esta forma tan poco sutil. Por eso las grandes superficies han triunfado en buena medida: tú puedes meterte en un Mercadona o en un Zara y pasarte dos horas mirando, que nadie va a venir a condicionar tu compra directamente. Entrar en la tienda de ropa del barrio y tener al dependiente pegado al culo insistiendo en esto o en lo otro incomoda, cansa, intimida. Que digo yo que las empresas podrían emplear más dinero en publicidad y menos en dar por culo. Puede que la publicidad sea un coñazo y otro medio de persuasión, pero prefiero mil veces encontrarme con un anuncio en la tele, en la radio, en Internet o en la prensa que exponerme a una situación incómoda con un tipo que no entiende que “no” es “no”, se mire como se mire.

Joder con los abusos, que no le dejan a uno tranquilo ni cuando está en casa tocándose los cataplines, leñe. Y luego nos sorprendemos de que la gente termine desequilibrada perdida…

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2 comentarios en “Abuso comercial

  1. Mira, que hoy me ha pasado esto en el trabajo y todo… soy experto ya en decir que “No”, pero es que te acosan de tal manera, que un día me estoy viendo que van a sacar la navaja para amenazar… Y sino al tiempo.

  2. don vito dijo:

    Luego me decis que me pongo borde con los de los flyers, coño, esque de un tiempo a esta parte no puede uno andar tranquilo por el centro de Málaga (imagino que esto puede extrapolarse a muchisimos mas sitios), yo lo tengo claro, mi primera respuesta es amable, la segunda sarcastica, y la tercera (esta es para vendedores coñazo-agresivos en potencia) es directamente borde y si puede ser hasta cruel con el sujeto, si no aceptan un no por respuesta, al menos que em dejen en paz porque soy un gilipollas, prefiero eso que perder mi tiempo. Napoleon decia que el peor ladrón es el que te roba tu tiempo, porque es lo único que no puedes recuperar.

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