Trabajar gratis: la moda

El otro día hablaba yo con un amigo informático… Hago un inciso desde ya para decir que estábamos hablando de verdad y que no me lo tiré. No, lo digo porque hay quienes piensan que los gays no sabemos hablar, sólo follamos por las esquinas, ¿sabes, tía? Es que tenemos un comportamiento de lo más inadecuado. Qué barbaridad, yo me he tenido que equivocar, que resulta que según ciertas fuentes los mariquitusos únicamente copulan como conejos. Y yo aquí preocupándome por cosas como mi familia, mis amigos o intentar ganarme la vida. Si es que soy un pardillo de primera…

Empecemos de nuevo. Sí, va a ser lo mejor.

El otro día hablaba yo con un amigo informático sobre eso que se ha puesto tan de moda y que no es otra cosa que trabajar gratis. Mi amigo, claro está, manifestaba que estaba hasta el cojón izquierdo de que la gente le pidiera arreglitos en sus ordenadores e impresoras en base a su carrera. Y es que, ya se sabe, que es abrir la boca para decir que eres informático y te salen como quince problemillas de nada (bah, tonterías que solucionas tú en un momento) de alguien que, te conozca o no, se cree que tiene la potestad y autoridad suficiente como para abusar de ti y que soluciones mediante la ingeniosa y compleja técnica del “by the face” (por la cara, vamos) sus avatares en el maravilloso mundo de la informática.

A mí me pasa una cosa parecida, pero con el asunto del Diseño Gráfico. Servidor, que aparte de periodista y mil cosas más es un pringao de agárrate los machos y ni se te ocurra menearte, se ha visto sometido a toda clase de peticiones derivadas de su condición de usuario avanzado y casi experto de Photoshop, Freehand, Indesign, Illustrator y otros programas. Me han llovido ofertas para hacer logotipos, cartas de menú, revistas, libros, tarjetas de visita… y páginas web por supuesto. Pero, oiga, ofertas de trabajo que serían estupendas de no ser porque en ellas no se pagaba absolutamente nada. “No me vas a cobrar por esto”, se dicen e incluso te dicen con descaro muchos de los que te ofrecen lo que seguramente en sus delirios paranoides son gangas imposibles de rechazar. “Cómo me vas a cobrar por hacerme un logotipo, si eso son cinco minutos de nada”. Claro que sí, mujé. A mí es que se me hacen los logotipos solos, yo no les dedico nada, pero nada, de trabajo.

Pero lo peor no es que no te quieran pagar, qué va. Lo peor es los argumentos que utilizan para avalar su tacañería. Estos están basados en una cosa muy simple, que es restarle valor y mérito a lo que tú haces. “Va, si en eso tardas tú un momentito de nada”, “pero si sólo son cuatro dibujitos o tres líneas de colores”, o, peor, “no te pongas así, mi primo chico, de catorce años, me lo hace  porque sabe manejar el Word”. Y es que, encima de pringao’, por lo visto tienes que ser gilipollas y aceptar que hasta el más negado venga a opinar sobre el esfuerzo o el tiempo que inviertes en lo que es tu profesión. “Cómo me vas a cobrar por un dibujito, hombre, si eso no es trabajo”. Qué va. Es un placer. Es que ni las gracias te dan. Que digo yo que qué menos que haya un intercambio, que si no puedes pagar, aparte del agradecimiento, pues no sé, me hagas tú otro favor. Eso es lo que se incentiva en los bancos del tiempo. Y me parece una maravillosa idea. Por ejemplo: yo te hago un logotipo para tu empresa de electricidad y tú me arreglas los enchufes. ¿Por qué no? Todos salimos ganando y todos valoramos el trabajo de todos. Lo que pasa es que aquí lo que pega, lo que parte la pana, es aprovecharse cuánto más y mejor de los demás. Porque la picaresca, engañar y robar también está de moda.

Que, en realidad, nada de esto debería sorprendernos, puesto que las personas de a pie no son más que el reflejo de la sociedad en la que viven. Ahora mismo, en el mercado de trabajo, las premisas que se utilizan para explotar a la gente por cuatro duros y que no rechisten son muy parecidas. Porque, vamos a ver, si no de qué iba a haber tanta, tantísima gente, trabajando por cuatro perras gordas y hasta gratis. Entre el “es lo que hay”, la traída y llevada crisis y que “te tienes que dar con un canto en los dientes porque por lo menos estás trabajando”  y que la mayoría de nosotros estamos desesperados por hacer algo y darle alguna utilidad a lo que sabemos, la triste y nefasta realidad es que lo que se ha puesto de moda es trabajar gratis. GRATIS. Que quién nos lo iba a decir a nosotros, que esto se lo cuentas a los jóvenes de hace veinte años y se estronciarían de la risa y te llaman de todo menos bonito, porque es verdad, porque no hay derecho y porque desde la empresa más gorda hasta tu primo Bonifacio todos intentan exprimirte al máximo. “Que trabajo te cuesta, si eso es sólo un rato y total, tampoco tienes otra cosa que hacer….”

No sé, seguramente yo todavía no me he dado cuenta, pero visto lo visto y en las cantidades en las que uno tiene que verlo, debe ser maravilloso, satisfactorio y reconfortante eso de aprovecharse del género humano. Supongo que te hace sentir más listo que los demás o algo. No me cabe otra explicación.

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