Los tiempos verbales

Lo que más duele son los tiempos verbales. Ellos son los que se encargan de ponerme en mi sitio cada vez que me olvido de la realidad, cuando hablo de ti en presente. Cuando alguien me pregunta o, simplemente, me acuerdo de alguna anécdota o de alguna de tus expresiones, me dejo llevar hablando de ti, de tus cosas que también eran mías. Es bonito, no creas, porque siempre que hablo de ti lo hago con una sonrisa. Pero a medida que las palabras se escapan de mi boca me percato con lentitud, como a ralentí, de que me he equivocado, de que he vuelto a cometer el error de hablar de ti en presente, de que he vuelto a decir lo maravillosa que eres en lugar de lo maravillosa que eras. Y debo corregirme para hacerme a la idea de que ya no estás aquí. Cada vez que lo hago, cada vez que sustituyo un presente por un pasado, una punzada de dolor me atraviesa la cabeza y se me pierde la mirada en los entresijos de quién sabe qué. Buscándote.

Los tiempos verbales duelen. Y yo te echo de menos.

Insoportable

Así es cómo estoy, cómo sé que estoy desde hace algunos días.

Y es curioso, porque yo ya he estado así otras veces antes, por eso mismo sé identificarlo tan bien. Por eso y porque durante años me preocupé por conocerme a mí mismo lo suficiente como para dejar de estar así de insoportable, así de asqueado, así de lleno de desidia para conmigo mismo y para con el mundo que me rodeaba. Pues bien, yo pensaba que eso había terminado, que lo había superado, que ese estado de susceptibilidad con respecto al mundo, ese estado de no estar, ese desprecio generalizado por el mundo y todo lo que lo compone no iba a volver jamás. Pero resulta que un día pasa algo que hace que todo se tambalee y se derrumbe y uno ha de verse en la estúpida y terrible tesitura de afrontar que vuelve a estar donde ya estuvo clavado una vez, cuando la desesperación más absoluta me ponía al borde de un precipio extraño, lejano. A un paso de la mierda. O, ya puestos, hundido en ella hasta la barbilla.

¿Qué haces cuando no hay nada ni nadie que te haga sentir bien, que te haga volver a ti mismo, que te lleve a reconducirte? ¿Qué haces cuando todo te parece un estorbo, cuando todo te sabe mal, cuando todo te parece una mierda, cuando nada te hace sentir medianamente bien?

¿Qué haces cuando nada parece tener sentido?

Intento guardar la compostura, de verdad que lo intento. Pero estoy insoportable, no me aguanto ni yo. Y con más razón que en toda mi vida. Eso es verdad. Estoy en todo mi derecho a estar mal. Pero yo no quiero estar mal. Yo quiero recuperar mi entusiasmo, mi alegría, mi pasión, mi compromiso. Yo quiero recuperar-me.

¿Y ahora qué? ¿Cómo se hace eso?

‘Me lo expliquen.