Duele

Cada vez que intento poner en orden mis pensamientos y mis emociones, termino llorando. Es así y necesito decirlo aunque no suene divertido. Ya no puedo frivolizar más, estoy cansado de fingir que las cosas no me duelen tanto, estoy harto de salir a la calle con una máscara y pretender que todo va bien cuando es más que evidente que no es así.

Se me escapan lágrimas que duelen. Puede que sean las lágrimas que más me han dolido en la vida. Se me tuerce el gesto. Y lo peor es que, lo sé y lo siento, esas lágrimas no son más que la punta del iceberg.

Apenas llego a sumergirme en esas emociones contenidas y ya se desata un maremágnum de proporciones considerables. Y muchas veces me pregunto: “¿Qué me he pasado? Yo antes sabía llorar, era un llorica de primera, ganaba todos los premios”. Porque es verdad, yo antes lloraba lo que hiciera falta, buceaba en mi propia mierda que era un gusto y lograba sacarle brillo hasta a los lugares más recónditos del fondo de esa ciénaga que todos llevamos dentro. Y así me renovaba por dentro y por fuera y era capaz de estar bien conmigo mismo y seguir creciendo. Tirar p’alante. Y ahora pues no.

Ahora, ni siquiera he terminado de mirar de reojo a la ciénaga y ya me veo obligado a apartar la vista. ¿Desde cuándo he desarrollado semejante estrategia para no encararme con el horror? Con lo que yo he sido, que el neopreno me sentaba como un guante… Ahora busco excusas todo el tiempo: tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro, tampoco es para tanto, voy a terminar aquello, el neopreno me hace michelín… Cualquier excusa es buena. Estoy estancado en mi cobardía. Tengo un miedo atroz a lo que quiera que pueda encontrar ahí debajo. (Es que, no es por autocompadecerme, pero vaya telita, nena.) 

Siento que algo muy importante se ha roto y que ahora ya no hay manera de arreglarlo. Como un jarrón, ¿sabes? De la Dinastía Ming si quieres, lo que te dé la real gana. El caso es que se ha hecho añicos. Por completo. Estoy convencido de que lo que hay que hacer es pegar los trozos y aprender a vivir con la reconstrucción aunque sea vean las fisuras, apreciar las zonas resquebrajadas (que son heridas de guerra) y no echar de menos (o quizás no con semejante desgarro) esos pequeños fragmentos que en el impacto salieron despedidos y volaron a sitios inaccesibles. Sé perfectamente lo que hay que hacer. El problema es que no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Y es importante que lo sepa, porque eso que se ha roto es lo que logra que todo mi engranaje funcione. Un drama. Y una putada.

Duele. (Por fin: que duela es bueno.)

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4 comentarios en “Duele

  1. lakittywoo dijo:

    Que duela es bueno. Que sepas que duele y que sepas el porqué es bueno. Y como eres inteligente y ya te has dado cuenta de dónde está el error, pues eso también es bueno, porque no hay más principio que el de la consciencia.
    Yo sé que tú sabes que yo sé. Yo sé que tú también sabes.
    En algún momento dejarás de correr, y no parece que ese momento vaya a tardar.

  2. Paperboat dijo:

    Yo sé que tú sabes muchas cosas que sólo tú puedes saber. Me comprendes y aun así o tal vez precisamente por eso me quieres tanto. Gracias.

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