Atalaya

A veces pienso que desde tu atalaya nos estás observando atentamente y sufres con nosotros nuestras idas y venidas, nuestras locuras, nuestros más y nuestros menos. Sé que sonríes cuando nos cuidamos los unos a los otros como tú solías hacer, cuando nos apoyamos y nos abrazamos como el pequeño club de gente incomprendida que alcanza niveles de entendimiento elevado que siempre hemos sido. Es curioso: cada ocasión en la que me encuentro mal te siento muy cerca de mí, como si me estuvieras acompañando, como si me cogieras de la mano y me sonrieras de ese modo que sólo tú sabías hacer. Has conseguido algo muy bello, tal vez lo más bonito que puede hacer una persona por otra: a pesar de que te has ido para no volver, tu esencia continúa reconfortándome.

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