Si es simpático se quiere casar contigo

Te sonrío porque aunque te acabo de conocer ya está en trámite la adopación de nuestra niña china.

¡Uhhh! ¡Qué miedo! ¡Un gay que me sonríe y que es amable conmigo! ¡Qué horror!

Mucha gente cree que si su ligue de una noche es educado, agradable y simpático es sinónimo de que se está enamorando perdidamente y quiere casarse, tener 167 hijos y dos perros y envejecer en una cabaña junto a un lago mirando puestas de sol. Tratar a alguien como a un ser humano se interpreta como matrimonio para toda la vida. ¿Nos hemos vuelto locos ya?

—Hola, tía.

—Hola, tía. ¿Qué tal, tía? ¿Te estás masturbando con los ojos vueltos, que es lo que hacemos los maricones en nuestro tiempo libre?

—Pues estoy fatal. Porque anoche me acosté con un tío.

—¡Qué me dices! ¿Follar es malo? ¡No me digas que te has hecho numerario del Opus! ¡Y sin contármelo!

—Que no. Es que el tío al que me tiré era uno de esos tipos agobiantes que enseguida quieren una relación.

—¿Por qué? ¿Es que te pidió salir como hacíamos en el instituto? ¿Dibujó un corazón con tu nombre y el suyo? ¿Forró la carpeta con fotos tuyas?

—Fue superagobiante. Era como si quisiera casarse conmigo.

—¿Pero qué te dijo? ¿Qué hizo exactamente?

—Ser majo y tratarme bien. Y luego me pidió el teléfono. ¿Te lo puedes creer?

Esta conversación que habéis leído atentamente como si vuestra vida y vuestro próximo gintonic dependiera de ello, está absolutamente basada en hechos reales. De hecho yo la tengo con mis congéneres (a los que también denomino amigos) unas tres veces por semana. Porque el mal de nuestros tiempos no es la crisis, ni el paro, ni los discos de Bertín Osborne. El mal de nuestros tiempos es ser majo y educado con el tío que estás a punto de follarte o que acabas de poner mirando pa’ Cuenca.

Querida lector, a ti, a mí, a tu vecina Sebastiana y a tu primo de Alfarnate nos han enseñado que hay que ser educados con la gente, ayudar a las ancianitas a cruzar la calle, pedirle con amabilidad al verdulero nabos de la huerta y cederle a las preñadas el asiento en el autobús con una sonrisa. A todos nos han enseñado que hay que ser amable y considerado con el resto de seres humanos para hacer de esta vasta tierra llena de maricones que es el mundo un lugar mejor. Pero se ve que esto no se aplica a la gente a la que te follas. Porque, tía, tienes que ser un puto borde de mierda con la peña que te vayas a cepillar, no vayan a pensar que por ser majo estás queriendo transmitir la idea de que te quieres casar con ellos y tener 175 hijos, un perro, dos hámsters, una iguana, una planta trepadora y una cabaña junto a un lago en el que pasar los veranos.

Por ello, para que dejes de pedirle matrimonio a la gente sin darte cuenta y dejes de parecer una marica desesperada que le pide una relación seria a todo el mundo, desde esta columna vamos a ofrecerte un completo manual sobre cómo comportarte con los tíos para que se entienda que tú lo que quieres es mojar el churro y no una relación estable con cualquiera que se mete en tu cama.

1. La actitud. Si tú eres una de esas personas que cuando conoce a alguien es simpática y agradable, se interesa por las cosas del tipo en cuestión, mantiene conversaciones más allá del “tírame del pelo y llámame guarra” o “ponme la pierna aquí que ya verás lo que te hago con la campanilla”, le escucha cuando habla e incluso, fíjate lo que te digo, le invita a una cerveza, estás haciéndolo todo mal. Por lo visto, todas estas acciones, según los jeroglíficos de una piedra escondida en Grecia, en un cuarto oscuro, que revela la verdadera esencia del comportamiento, envían la señal inequívoca a la otra persona de que te estás enamorando de ella. ¿Es que no te has enterado de que uno no puede ser simpático y majo con el tipo que se va a follar hasta, por lo menos, la quinta cita, tía? Mientras tanto, y solo para que el otro no se confunda y se crea que tienes ya la alianza de matrimonio grabada con vuestras iniciales en el bolsillo de la chaqueta, tienes que tratar al tío que te vas a follar como si fuera un muñeco hinchable, como un saco de patatas, con desdén, y comportarte como un borde de mierda, un gilipollas redomado que ni escucha, ni se interesa ni dice nada más allá de “¿Follamos ya? Yo no busco nada serio, ¿eh? Nada serio. Nada serio. Nada serio…”. (Hay que repetirlo muchas veces, como si el otro fuera subnormal, no se le vaya a olvidar y empiece a fantasear con una relación.)

2. Los piropos. Por supuesto, si te vas a follar a alguien, ni se te ocurra piropearlo, ni decir cosas como “me lo estoy pasando muy bien contigo”, “que a gustito estoy” o “me pareces chachi”. No, porque estas oraciones son automáticamente procesadas por el cerebro de ciertos mariquitusos como “quiero ponerte un piso en Torrevieja y hacerte el amol (que es como incluso más romántico que el amor) todos los días sobre un lecho de rosas”. Todo el mundo sabe que cuando un rollo de una noche te dice un piropo es porque tiene mariposas en el estómago del tamaño de Castilla La-Mancha y está a punto de vomitar purpurina, arco iris y corazones rojos por ti.

3. El sexo. En la cama, no seas considerado con esa persona ni nada. ¿Qué es eso de darle placer a los demás? Tú has ido a darte placer a ti mismo, así que nada de hacer cosas para darle gustito al otro, no se vaya a pensar que es que estás sintiendo algo por él. Tú a lo tuyo. Además tiene que ser intenso, como una película porno. Besos en la boca los justos (que besarse es de enamorados), huye de los abrazos como Álex Ubago de la alegría y cuando te corras tú, ni se te ocurra esperar a que el otro lo haga. Que hubiera sido más listo y hubiera descargado las pelotas antes. En el caso de que logre terminar, ni se te ocurra ofrecerle un clínex, que darle algo para que se limpie implica una playa, luz de luna, delfines saltando y una auténtica declaración de intenciones. Pasarle un clínex a la persona a la que te acabas de follar es un sinónimo claro de compromiso. Y una toallita húmeda ya ni te cuento, ¡amor eterno le estás jurando! De eso nada, que se limpie él con lo que pille o que no se limpie directamente. Vamos, hombre, a ver si se va a pensar que te gusta. Se empieza compartiendo el rollo de papel higiénico y se termina adoptando a una niña china.

4. Dormir juntos. Pero si hay algo que no debes hacer cuando te acuestas con alguien es quedarte a dormir. No, porque dormir es una cosa superimportante que implica abracitos, cucharita y, por tanto, afecto a raudales. Como dejes que el tío se quede a dormir y no lo eches a patadas de tu casa (aunque esté teniendo lugar el diluvio universal) te vas a despertar a la mañana siguiente con el tipo al lado observando cómo duermes, enrollándose un mechón de pelo en el dedo y con el ojete en forma de corazón. Te mirará con ojos de quinceañera y te dirá: “Buenos días, princesa” y observarás con terror que ha aprovechado para mudarse en medio de la noche.

5. El teléfono. Por descontado, lo peor que puedes hacer con tu rollo sin compromiso es pedirle el teléfono. Si le pides su número al maromo que te ha estado lamiendo el prepucio all night long cual chupachups, como si no hubiera un mañana, estás dando por sentado que vais a envejecer juntos en un porche, en sendas mecedoras, viendo el atardecer, por los siglos de los siglos. Mira que eres intensa, tía, qué enamoradiza, de verdad. ¿Qué derecho tienes tú a pedirle su número a la persona que te acaba de meter la lengua hasta el esternón y con la que has compartido babas durante algo más de hora y media? No, mari, estás muy equivocada. Pedirle esos dígitos implican una relación estable y bailes apretados al son de canciones de Luis Miguel.

Por último, pero no por ello menos importante, cuando te folles a alguien en ningún momento exijas coherencia, sinceridad o que te traten como a un ser humano. ¡Eso es de desesperadas enamoradizas y de estar buscando un marido como el comer!

Ironías aparte, si un día de estos te tiras a alguien majo y cálido, que te trata con cariño, que se interesa por lo que dices y que es atento y considerado contigo, no lo flipes tanto. No es que se haya enamorado perdidamente de ti y te vaya a agobiar en el futuro a llamadas, ramos de flores y declaraciones de amor. Simplemente, se está comportando como una persona normal. Porque, por si te has hecho la picha un lío, ya te lo aclaro yo: lo anormal es comportarse como un borde y un gilipollas.

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