Adiós 2012, adiós

Es inevitable pensar durante este día en lo que ha sido 2012. Aunque muchas personas me han recomendado no hacer balance al final del año esgrimiendo que no es nada bueno, ni sano, ni tiene ninguna propiedad saludable para el ser humano, a mí me ha salido solo. ¿Cómo haces para evitar algo que se cierne sobre ti? A mí no me gusta mirar para otro lado, no me gusta engañarme a mí mismo pretendiendo que no me afecta que haya llegado este día.

El cuerpo es sabio, y en cuanto me he levantado esta mañana ya he percibido que había algo raro dentro de mí. Sólo han hecho falta un par de acciones, tan cotidianas como las de cualquiera, para desatar un torrente de sentimientos encontrados.

Sería una tontería y una insensatez afirmar que el 2012 ha sido por entero una porquería. No es verdad, no lo ha sido. Me han pasado cosas estupendas, he conocido a personas maravillosas, he logrado superar ciertos baches, he tomado buenas decisiones, he querido a quienes tenía que querer y ha habido muy buenos momentos. Todo eso es verdad. Pero no es menos cierto que te echo mucho de menos a ti, a quien ya me he dirigido desde este blog varias veces desde que te fuiste con la secreta esperanza de que lo pudieras sentir donde quiera que estés ahora. Me faltas tú todos los días.

Te quiero. Y me cuesta mucho abandonar este año porque es como si tuviera que decirte adiós de nuevo. Tú te quedas en 2012 y yo tengo que seguir. Me aferro a los últimos minutos del año sabiendo que ya no estás, que ya no estarás, como si se me fuera a escapar definitivamente lo poquito que me queda de ti. Qué putada, tía, qué putada más grande y más gorda que ya no estés ni vayas a estar. Qué putada que no podamos abrazarnos otra vez.

Hoy es inevitable pensar en ti y en lo que significaste y todavía significas para mí. Y las lágrimas se me escapan sin que apenas pueda contenerme.

Feliz 2013 a todos.