Debilidades

Me fascina cómo negamos la debilidad propia y ajena. A través de los días y moviéndonos en la cotidianidad propia de cada cual nos empeñamos en perpetuar un sistema de valores que hemos asumido como propio y que no es más que el subproducto de las influencias que hemos recibido.
La debilidad es la chica fea del instituto que no se invita a las fiestas. Nadie quiere ser débil en estos días. Todo el mundo se esfuerza espartanamente en parecer fuerte (y, ya de paso, en serlo). La idea de que debemos estar por encima de todo y mantenernos implacables que hemos instaurado como epicentro de nuestras vidas con pasmosa sumisión.

En realidad, estamos cometiendo un error de base. Fundamentalmente, la fuerza no consiste en obligarnos a deshacernos de aquello que nos duele o nos preocupa. La fuerza no reside en ser positivos por cojones ni en albergar in extremis sentimientos alegres por doquier pase lo que pase, aunque nos estén reventando a golpes. La fuerza no es hacer como que nada puede con nosotros y pasar rápidamente las páginas de un libro para no leer los pasajes tristes. Porque, inevitablemente, todas las vidas están compuestas de capítulos amargos. Y los malos tragos son tan necesario como los buenos. Aunque, ya no es que sean necesarios: sencillamente, son reales y verdaderos.

Lo que quiero decir es que por mucho que neguemos nuestra vulnerabilidad y los síntomas de debilidad que presenta nuestra condición de seres humanos, estos no van a desaparecer. Son reales, están ahí, forman parte de nosotros. ¿A cuento de qué ir por la vida omitiendo las partes que no nos gustan? ¿Es eso lo que queremos? ¿Algo irreal e inventado? ¿Un sucedáneo de lo que es la vida de verdad? ¿Es preferible mirar para otro lado, jugar al ojos que no ven, autoengañarnos? ¿En serio?

Yo soy débil, soy vulnerable, se me puede hacer daño con relativa facilidad. Tengo puntos fuertes, como cualquiera, y puntos débiles que me persiguen, que se me aparecen por la noche en sueños. Tengo miedos con los que he de convivir. Poseo barreras y limitaciones y numerosos defectos. Me caigo a menudo, lloro a veces, hay cosas y personas que hieren mis sentimientos todos los días y a veces me siento agredido. Me enfado con las personas y con frecuencia conmigo mismo. Soy emocional. Soy sensible. Ya estoy harto de asumir esa idea que me habéis tratado de meter en la cabeza durante el transcurso de mis treinta años de vida: ser más fuerte no es ser más insensible. Basta ya. Yo soy débil y también fuerte. Todo ello forma parte de lo que soy y no pienso avergonzarme nunca más de ello. Tengo derecho a sentir todos mis sentimientos. Y si me pinchas tengo todo el derecho del mundo a sangrar.

Cada vez que pienso sobre este tema recuerdo una frase que leí en un libro hace mucho tiempo y que me ha perseguido desde entonces con asombrosa eficacia: “no soy lo bastante fuerte como para mostrarme vulnerable”. Me encantaría, de verdad que sí, que pensáramos en serio en esta frase y nos diéramos cuenta de una puñetera vez que las personas no son más fuertes por fingir que todo va bien y que nada les afecta lo bastante como para derrumbarse. Me encantaría que nos percatáramos por fin de que la verdadera fortaleza de las personas se halla en asumir con naturalidad que no pasa nada por caerse y estar un ratito en el suelo antes de volver a levantarse. Reconocer que todos tenemos derecho a estar mal de vez en cuando, a sufrir, a mostrar nuestro sufrimiento. Reconocernos ese derecho a nosotros mismos y a los demás.

Que digo yo que si hemos de dedicar tanto esfuerzo a parecer fuertes, a lo mejor nos estamos equivocando. Ojalá dedicáramos el mismo esfuerzo a expresar lo que sentimos de verdad.

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4 comentarios en “Debilidades

  1. pua dijo:

    Pero cuanta verdad expuesta y que ciegos nos volvemos a veces por el temor a caernos o equivocarnos.La verdadera fuerza no esta en engañarnos y parecer fuertes,esta en asumir nuestras debilidades e intentar aprender de ellas sin dejarnos arrastrar.
    Debemos ser como el arbol,lo suficientemente firmes para agarrarnos a la tierra pero sin temor a caer al vernos mecido por el viento de la vida. El caer o tambalearse no es malo si sabes seguir el camino que tienes delante,porque si miedo da lo desconocido,mucho mas miedo da lo conocido por haber.
    Andar el camino que no conoces sin miedo no es valentia,se llama ignorancia. Lo verddaderamente valiente es andar en camino que

    • pua dijo:

      Lo verdaderamente valiente es andar el camino que aun sabiendo el peligro que te espera no lo dejas de lado tomando la alternativa facil.

      P.D:hay dos entradas porque se me a publicado solo desde el movil desde el que escribo. Lo siento.

  2. Carlos G. García dijo:

    Gracias, Pua, por comentar y por animar a tomar el camino que si bien no es el más sencillo es sin duda el más certero. Mucho más complicado es pasarse la vida dando tumbos y fingiendo ser alguien que no se es, ¿verdad?

    Un abrazo y nuevamente gracias por leer y comentar. 🙂

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