“Esto me jode” hay que decirlo más

La charla sobre senitmientos, esa gran desconocida.

La charla sobre sentimientos, esa gran desconocida.

El otro día, sujetando un gintonic vaso de agua del grifo, le decía yo a una maravillosa amiga mía que los seres humanos, esa panda de lerdos entre los cuales, por desgracia, se encuentran Toni Cantó, Bertín Osborne o mi ex, cometemos un error de base muy a menudo. Este error no es otro que el pretender que los demás adivinen nuestras emociones y pensamientos. Sí, sí, sí. Admitámoslo: cantidad de veces creemos firmemente que nuestros amigos, familiares, novietes (que hay gente que tiene tres o cuatro a la vez) y en general cualquiera que se relacione con nosotros debe contar con una bola de cristal en la que visualizar nuestro estado anímico y emocional. Como la Pitonisa Lola pero sin parecer una zumbada y sin velas negras.

Ocurre una cosa: normalmente, cuando tenemos algo clarísimo, tendemos a pensar que el resto de las personas deben tenerlo igual de claro. Es como si dijéramos “la Tierra es ovalada y achatada por los polos”, es algo que todo el mundo sabe, o “Marco se ha marchado para no volver, el tren de la mañana llega ya sin él”. Son cosas que se saben, simplemente, y nos parece un crimen del tamaño de Murcia que haya alguien en el mundo que no lo sepa. “Pero cómo no va a saber que Marco se ha marchado para no volver, es que eso es de cajón, se aprende en primero de Laurapausinología” (que es una asignatura que todos los gays nacidos hacia 1980 dimos obligatoriamente. No veas la cara de lerda que se nos ponía encerradas en nuestra habitación con el cassette -que no el casquete- de la Pausini entre las manos). No te imaginas lo que nos metíamos en el papel cantando “Amores extraños”, porque en aquellos tiempos el amor entre dos hombres nos parecía un amor extraño y de raritos y seres inadaptados socialmente. Ahora sencillamente nos parece una cosa rarísima con menor probabilidad de que ocurra que te toque el Gordo de la lotería.

Y es que en innumerables ocasiones las personas que nos rodean hacen cosas que nos sientan fatal, como una patada, y en lugar de hablar y manifestar claramente cómo nos sentimos (esto es, “tú, perra, que me has hecho pupa y ahora el Niño Jesús está llorando por tu culpa y has hecho sufrir a tres gatitos”) nos callamos y asumimos que esa persona ha debido darse cuenta perfectamente de lo que nos ha hecho. Por supuesto, no me estoy refiriendo a cosas evidentemente graves: o sea, si tu amiga se ha follado a tu novio en tu cama con tu picardías favorito, creo que queda más que claro que te ha hecho una putada enorme y que ella lo sabe. Aunque todavía hay mucha gente que utiliza excusas tan elaboradas y megachulis como “uy, pues no me había dado ni cuenta de que tu novio me estaba metiendo la polla en la boca. Yo pensaba que estaba chupando un pirulo tropical. Por cierto, es que sabe igual, ahora me explico por qué te pasas el día enganchada…”. Naturalmente, nos referimos a esos pequeños roces o experiencias que no quedan tan claras ni son tan explícitas y que se mueven en la zona de los posibles malentendidos, como “me dijo que me iba a llamar y no me llamó”, “le presté mi braga faja de cuello vuelto y aún no me lo ha devuelto” o “íbamos a comer limones con sal y a última hora me dejó tirada”.

La verdad es que en estos casos tenemos tan claro que nos han hecho un feo que pensamos que la otra persona debe tenerlo igual de claro y, en consecuencia, debería hablar con nosotros o pedirnos disculpas. Y ocurre, con una frecuencia espantosa, que la gente no sólo no te pide disculpas, sino que además ni se ha coscado de lo que te han hecho, bien porque piensan que no es tan grave, bien porque son un pelín torpes, bien porque en ese momento estaban pensando en masturbarse con un dildo de diamantes engarzados y no prestaron la atención suficiente a lo que estaban haciendo o diciendo. Y entonces nos cabreamos más todavía, porque parece que pasan de nosotros, que les importamos una mierda, y nos sentimos utilizados. “Será zorra, la tía, que ni siquiera toma en cuenta mis sentimientos, que ni se plantea cómo me siento… Cómo no se va a dar cuenta, con lo que me ha hecho. Lo que pasa es que le da igual…”.

Yo ya lo he dicho muchas veces, que las personas adolecemos de una grave falta de comunicación: hablamos de cantidad de cosas que no sirven para nada y omitimos lo más importante, lo más relevante, lo fundamental. Necesitamos decir lo que pensamos y lo que sentimos con mayor asiduidad. Por evidente que nos parezca el sentido de una situación en la que hemos salido escaldados, tenemos que tomar las riendas y expresar más frecuentemente cómo nos sentimos y por qué nos ha molestado lo que ha ocurrido. Si hace falta que te sientes con tu amiga y le digas a las claras que te ha sentado fatal que te haya dejado en la estacada aquel día que íbais a comer limones, pues se lo dices. Sobre todo porque es esto y no otra cosa lo que va a solucionar la situación, lo que va a poner las cartas bocarriba y lo que va a provocar que se mantenga una charla entre dos adultos que puede llegar a solucionar algo y que, pase lo que pase, hará que te sientas mejor. Porque si te lo guardas y cada vez que veas a tu amiga finges que no pasa nada, sonríes tanto que te duelen los pómulos pero interiormente te acuerdas de su madre, de su padre y de hasta su prima-nieta (o lo que sea), es probable que esa rabia eclosione en tu interior y luego te duela mucho el ojete. No hay que tener miedo de crear una situación de intercambio de sentimientos.

Y conste que yo esto lo digo por experiencia (si yo os lo cuento por vuestro bien, porque a mí el ojete ya me ha dolido mucho muchas veces). Que yo soy el primero que se debe aplicar el cuento. “Esto me jode” hay que decirlo más. Sobre todo porque debemos aprender que no pasa nada por decirlo y que eso hará que nuestras relaciones con las personas de carne y hueso (nuestras relaciones con los seres de goma ya las trataremos en otro momento) sean más honestas, más sinceras y mejores en cualquier sentido.

La comunicación hace milagros, tía.

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8 comentarios en ““Esto me jode” hay que decirlo más

  1. sonia dijo:

    Es que si no lo sueltas, no cabe todo guardado dentro y cuando ya no cabe más es cuando se explota y se lia, asi que si, hay que soltarlo todo según va cayendo.

    • Carlos G. García dijo:

      Pues no estés raro. Lo mejor siempre es hablarlo. Al menos te quedas tranquilo. Y la mayoría de las veces no se trata más que de malentendidos.

  2. Y siempre ocurre así. No decimos nada, nos callamos y las parejas (o las amistades) se pierden.
    He llegado a estar años sin hablar con alguna amiga por malentendidos tan estúpidos como éstos, y cuando nos reconciliamos nos preguntamos “¿y.. qué fue lo que pasó?”. Pues nada, resulta que nunca pasó nada.
    Con mi ex también pasó lo mismo, llegamos al punto de que, con tantos malentendidos, dejamos incluso de confiar en el otro.
    Así que aprendí y hoy por hoy lo sigo manteniendo… ¿me molesta algo? pues lo digo, si la otra persona no me entiende, quizá no es tan buen amigo como creía que era.

    Por cierto, es la primera vez que me paso por el blog y he decir que me encanta, saludos.

    • Carlos G. García dijo:

      Lo que ocurre es que eso consiste en un trabajo continuo. Al final, aunque nos sepamos estupendamente bien la teoría, se nos va olvidando con el tiempo y volvemos a caer una y otra vez en los mismos sesgos.

      Lo bueno es que no dejamos de actualizarnos y aprender. Y de evolucionar, supongo 😉

      Bienvenida y espero verte a menudo por aquí. Gracias por leer y comentar. 😉

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