El monstruo verde de los celos

Los celos se han normalizado tanto que hasta nos parece algo positivo que nuestra pareja nos controle los mensajes del móvil. ¿Seremos lerdas?

El monstruo verde de los celos: igualito que tu ex, pero en guapo.

El monstruo verde de los celos: igualito que tu ex, pero en guapo.

El amor forma parte de la vida de los seres humanos, tía. Como ya te habrás percatado (porque sabemos que eres un chico medianamente listo, a pesar de que estuviste con tu ex) dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos, nuestro tiempo y nuestro dinero (en ropa, en maquillaje, en psicólogos) a encontrar a nuestra media naranja, el amor de nuestras vidas, el principote sin el prin de nuestros sueños.

Que yo no digo que esto esté mal, pero es que resulta que nos han contado (y nos hemos creído ciegamente, como lerdas de manual) una idea bastante extraña e incoherente del amor. En ese abanico interminable de desaciertos que guían nuestras vidas de quinceañeras con coletas que hacen circulitos con el pie y que van por el mundo con la foto del capitán del equipo de rugby encerrada en un corazón y pegada en la carpeta de los apuntes del insti, hay una cosa específica sobre la que estamos muy equivocados. Naturalmente, me estoy refiriendo al asunto de los celos.

El tema de los celos está absolutamente normalizado en nuestra sociedad. Resulta que a la gente le parece fatal la última jugada del partido del Madrid, que hasta parece que se quieren cortas las venas con una cucharilla de café oxidada de lo mal que lo están pasando. Y, sin embargo, no sienten nada cuando alguien les cuenta que Feldesponcio, ese chico tan majo y tan buena gente que saluda a todas las vecinas del barrio, no deja salir de casa a Floripondia con una minifalda porque, vamos a ver, la van a mirar todos los tíos y ella tiene que entender que no puede ir por ahí provocando, que tiene que respetarle a él. Porque el problema no es que Feldesponcio esté como un puto cencerro, sino que Floripondia se pone esas faldas de guarra profesional, tócate los huevos a dos manos. Es lógico que él se ponga así porque eso es que la quiere mucho. Por lo visto.

Cuando sale a colación el tema de los celos nos volvemos unos auténticos retrasados porque hemos asumido que sentir celos es justificable. Es más, es hasta halagador. Según cuenta la sabiduría popular (mu’ lista ella) si tu novio no siente celos es que no te quiere, es que le da igual perderte, ¿sabes? O sea, que cuanto más celoso y posesivo sea más te ama en esa dimensión paralela de telenovela que nos hemos montado en la cabeza. Cuántas veces habré escuchado yo (casualmente, porque a mí no me gusta enterarme de las cosas ni pegar la oreja allí donde haga falta) conversaciones del tipo:

—Tía, menuda pelea he tenido con el Kevin. Todavía tengo el tanga del revés. Qué mal rato.

—¿Y eso, tía?

—Pues nada, que me vio hablando con el charcutero del Mercadona el otro día, cuando estaba en la compra y le pedí cien gramos de mortadela choped, y se puso hecho una fiera. Súperceloso. De cojones. No veas la que me ha montado. Que si yo le doy coba al charcutero, que si no tengo bastante con él, que si quiero que me la enchufe y me rellene como a una napolitana de crema…

—Qué fuerte, tía. Pero eso es porque te quiere mucho. Tiene mucho miedo de perderte.

Claro que sí, mujé. Lo justificamos y nos parece hasta romántico. En algún momento de la Historia, el viento de Canadá cambio de orientación, Saturno se alineó con el coño ‘mi prima y los seres humanos comenzamos a pensar que era bonito que nuestro novio o novia (váya usted a saber, hay gustos para todo) desconfiara de nosotros hasta límites insospechados y se comportara como un auténtico lunático de la hostia. Qué romántico, tía, qué bonito es que te controlen hasta las conversaciones que tienes con tu mejor amigo, con el cual, por cierto, tienes tanta tensión sexual no resuelta como con la minipimer. Qué bonito es que tu novio tenga arrebatos y ataques de celos y haga cosas como…:

-Enfadarse cuando hablas con otro hombre. Da igual que sea un amigo tuyo de toda la vida, tu primo, tu padre, tu vecino, el chófer del bus, el párroco del pueblo, un señor mayor o una estampita de Jesucristo (seguro que la miras para hacer cosas poco nobles. “Qué pasa, que te gusta más que yo, ¿no? Bien que te pones de rodillas delante de él”. “Pero si es para rezar, cari”. “Sí, sí, para rezar…”). Porque, claro, tú eres una cacho de zorra que está deseandito, pero deseandito, fíjate lo que te digo, guarrear con el primer tío que se te ponga a tiro. Incluso la frase “¿a qué piso va usted?” lleva implícito que estás pidiendo guerra y que el ojete te palpita con tal fuerza que es perceptible hasta por los habitantes de las Islas Mauricio.

-Prohibirte que te pongas un determinado tipo de ropa. Porque, claro, tía, es que vas por ahí provocando, poniendo palote al personal. No me digas que no, que es que te encantan que te miren, que lo vas buscando. Faldas, escotes, cosas ceñidas, camisas abiertas… ¿Qué es eso de ponerse un bañador para ir a la playa? ¿Y de slip? ¿Qué va a ser lo próximo, ponerte un letrero en la frente que diga que estás más caliente que el palo de un churrero y que te cabe el Titanic de lado con pasajeros y todo? Vamos, hombre. A la playa se va con cuello vuelto y ni se te ocurra meterte en el agua, que se te ponen los pezones como pomos de puertas de castillo, propios para colgar abrigos de pana mojados, y vas marcando y calentando pollas. Cuello vuelto y a la sombra.

Da igual que te enfrentes a él y le respondas que te vas a poner lo que te salga del papo, porque seguramente tu novio o tu novia, que no puede obligarte a las claras, adoptará técnicas más sibilinas y te dirá cosas como “esa camiseta no te queda nada bien” (casualmente es la más ceñida, fíjate tú), “no me gusta ese pantalón” (casualmente ese que te hace un culito de escándalo, para partir nueces), “con ese vestido vas hecha una facha” (casualmente ese que cuando te lo pones hace que te mire hasta el de los cupones). Esas prendas de vestir que, como no te sientan bien o a él o a ella no le gustan, irás apartando de tu vestuario habitual casi sin darte cuenta. Ahora es cuando alguien me dice: “la gente no es tan retorcida”. Qué va, para nada, si vivimos en un capítulo de Barrio Sésamo… Mira, ahí va Chema, el panadero.

-Mirarte el móvil, el email, el Facebook y el Twitter asiduamente para controlar bien con quien te relacionas. Pero lo hace por tu bien, cari, no vaya a ser que se te acerque cualquier loco y no te sepas defender. A mí me encantan estas parejas que se miran todos los días los teléfonos y los mensajes y las cuentas de correo y que te dicen, así, como muy sonriendo, como si tú fueras gilipollas o algo: “Es que nos queremos tanto que no tenemos secretos el uno para el otro. Lo compartimos todo”. No, cari, no es que os queráis mucho, es que eso que tú llamas “secretos” en la mente de las personas normales se denomina “intimidad”, y es tan sana que todo el mundo debería tener una. En serio, tía, cómo te lo cuento. Tener intimidad no solo no es malo, sino que es recomendable si no quieres terminar como un cencerro y estar más controlada que un perroflauta en un Corte Inglés.

-No dejarte ir solo a ninguna parte. A mí me encanta muchísimo, tanto que me muero de la excitación, esa gente que te dice sonriente y con cara de haber esnifado demasiado pegamento de barra: “Mi novio y yo nos queremos tanto que vamos juntos a todas partes”. Porque, claro, resulta que a tu novio, como es un pelín celoso, pero solo un poco, nada más, no le gusta que vayas sin él a ningún sitio, ni siquiera a tomar café con tu amiga Idelfonsa, la cual te quiere relatar hecha un mar de lágrimas que lo ha dejado con su último consolador de goma (que ya me contarás la gracia que le va a hacer explicártelo delante de tu novio). Por eso, si él no puede o no quiere ir, tú no sales. Es que no vaya a ser que por el camino le comas la polla a alguien, tía, que tú vas por ahí siempre con la boca abierta y puedes tropezarte y caerte encima de un cipote. ¿Cómo va a permitir él eso? No, no, tú a la calles no vas sola. “Qué encanto, me acompaña hasta para ir a comprar el pan”. Caaaaaalaaaaaro que sí. Y a mí me salen tostas de salmón y queso cheddar del coño. Todo el tiempo, además.

Damos y caballeras, dejemos de ser tan imbéciles y tolerar este tipo de situaciones. Que ya estoy harto, muy harto, de que pensemos que si nuestro novio nos sigue a todas partes, nos controla el Facebook o le pega un puñetazo en la boca al chico que te acaba de preguntar la hora es porque nos quiere cantidad, una cosa mala, tanto que pierde el sentido.  Eso ni es mono, ni es bonito, ni es romántico, ni leches. Es enfermizo. E intolerable.

ATER gratis

Libro chachi que todo el mundo debe leer al menos una vez en la vida.

Libro chachi que todo el mundo debe leer al menos una vez en la vida.

 

Como en este blog somos la mar de sensibles a eso de la crisis (sí, tía, estamos en crisis, ¿no te habías enterado? ¿No? Pues ya te lo cuento yo), durante todo este mes te damos la oportunidad de leer gratis, sin pagar un duro, sin tener que chupársela a nadie ni nada (bueno, si quieres sí, pero conste que no es requisito indispensable para hacer la descarga) el libro de “Amar en tiempos de estómagos revueltos”.

Hace algo así como tres años y medio que se lanzó así que yo entiendo que haya personas reales, con perfil en el Grindr y todo, que se pregunten qué coño es este libro y de qué va. Pues te lo cuento.

¿Alguna vez te has enamorado de tu mejor amigo y has pasado meses babeando por él con la esperanza de que te correspondiera? ¿Has cometido en algún momento el error de mandarle un mensaje de texto al chico que te gusta para declararte llevando en tu cuerpo una cantidad de alcohol comparable al caudal del Ebro? ¿Te planteaste eso de hacerte amigo de tu ex para no perderle y porque significaba mucho para ti y la consecuencia ha sido que todavía te estás dando de cabezazos contra la pared?

¿Quieres conocer las más inverosímiles técnicas para ligar en bares, perfiles de Internet, fotologs y hasta en tu día a día, cuando vas a comprar al Mercadona, todo digno empujando tu carrito? ¿Has decidido convertirte en un chulo de mierda, pero no sabes cómo llevar a cabo semejante transformación?

¿Necesitas planes para superar el próximo San Valentín? ¿Has decidido inventarte un novio como medida desesperada para afrontar tu estado de crisis mental, afectiva y hasta sexual? ¿Te has preguntado alguna vez por qué te enamoraste de Fulanito, que es más soso que un manojo de acelgas y no encuentras explicación?

¿Estás harto de que las amigas de tu madre y tus tías del pueblo te pregunten cuando te vas a echar noviA cuando a ti lo que te ponen son unos pectorales bien duros y un buen mandao‘? ¿Y de que tus amigos y conocidos te pregunten por qué te hiciste marica, como si esto fuera lo mismo que hacerse personal choped (que lo anuncian mucho en la radio, dicen que es la profesión del futuro)? ¿Y que hay de la teoría ésa de que los maricas tenemos un sexto sentido para ciertas cosas?

¿Estás cansado de que te pongan excusas hiperelaboradas del tipo “no estoy preparado para tener una relación” o “tengo que encontrarme a mí mismo” para eludir el compromiso? ¿Estás hasta las narices de que te mareen la perdiz hasta para echar un triste polvo?

¿Te has dado cuenta de que las nuevas tecnologías son una maldición porque te encuentras a tu ex en todos lados? ¿Y te has dado cuenta de que cuando entras en un bar casi todo el mundo se ha zumbado ya a todo el mundo en plan endogámico?

Si la respuesta a alguna de las cuestiones anteriores ha sido “sí”, lo que necesitas no es amor, sino un libro de cabecera que te ayude a afrontar tu pasado, presente y futuro amoroso con humor. Porque aunque creas que tu vida es un desastre, somos multitud y no estás solo.

Consigue tu ejemplar de Amar en tiempos de estómagos revueltos, la biblia de los tiempos modernos. Puedes descargártelo en Bubok totalmente gratis durante este mes de abril.