Lo que no se dice

Muchas veces me he preguntado a dónde van las cosas que no se dicen. Ya sabéis, me refiero a todo eso que pasa por nuestra cabeza, a esa ingente cantidad de oraciones construidas impulsivamente y que gracias a algún resorte cerebral son filtradas y retenidas tras los labios. Tienen que ser un montón, estoy plenamente convencido. Si dijéramos todo lo que pensamos el mundo sería un lugar diametralmente distinto al que es. Para mejor, claro. 

¿A dónde van las cosas que no se dicen, pues? Ojo, que no me atribuyo la originalidad de la pregunta, que esto ya ha sido usado en multitud de ocasiones en libros, canciones y películas, no sin esa pátina romántica idealista acerca de sentimientos no expresados de amor. ¡Oh, estoy enamorado de Fulanito y no le he dicho cuantísimo le amo –le amo– a pesar de que me masturbo todas las noches imaginándomelo enfundado en un mono de cuero (lo normal)! No, no, no es nada de eso. Cuando me lo pregunto trato de hacer alusión a esos pensamientos acerca de las personas con las que nos relacionamos y que nos callamos por decoro, por miedo, por postureo o por no sentirnos con derecho a expresar. Qué fuerte que no nos sintamos con derecho a expresar. Y es una lástima, de verdad, porque estoy plenamente convencido de que brutales ataques de sinceridad nos ayudarían a la mayoría a conocernos y a conocer a otros mejor. O al menos a saber en qué medida nuestros amigos, familiares y conocidos están de nosotros hasta las pelotas, que también está bien. Hablar y escuchar: ¡oh!

Últimamente, como se ve en este blog y en las mierdas las cosas maravillosas que voy colgando, me erijo en firme defensor de la verdad. Porque ya está bien de callar, de aguantar, de reprimir, de no aportar nada. Y no sé, a lo mejor cae en saco roto toda esta milonga, pero me voy a proponer decir lo que pienso a tutiplén. Sin caer en el juego fácil de las faltas de respeto y las crueldades, pero quiero expresar lo que me vaya pasando por la mente y por el cuerpo. Porque, por si aún no habéis encontrado la respuesta a la pregunta ya os la digo yo: las cosas que no se dicen se transforman en caca, mierda de la mala para ser exactos, y se quedan dentro de uno. Hacen pupa, contaminan y lastran una barbaridad. No dejan sitio para cosas bonitas. Así de chungo es lo que no se dice, así de nocivo. Por tanto, lo mejor será abrir la boca con buena voluntad y permitir que salga lo que tenga que salir. Y al que no le guste que no escuche. Me tacharán de malo (ya se sabe, malvado es todo aquel que nos dice lo que no queremos oír), pero a gusto me quedo fijo. Y se trata de eso, ¿no?

Anuncios

2 comentarios en “Lo que no se dice

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s