Ritmos

Cada persona, en cada momento de su vida, necesita un ritmo distinto. Nos hemos acostumbrado a que nos impongan y, por consiguiente, a autoimponernos, un frenético ritmo de vida: prisas, mareos, correteos, ir y venir, arriba y abajo, a un lado y a otro; actividad constante y un interminable movimiento que es el que se encarga de azuzar los engranajes del día a día.

Sin embargo, si nos detuviéramos a escucharnos solo un segundo, descubriríamos que dependiendo del momento en que nos encontremos necesitamos bailar una canción distinta. No siempre tiene que apetecerte bailar techno. Puede que haya un rato en el cual te apetezca moverte a ritmo de funky o de salsa. O, tal vez, bailar un lento. ¿Por qué no hacer lo que nos pide el cuerpo? ¿Por qué dejarnos llevar por un ritmo que no es el que nos corresponde, que no es el que nos llama? ¿Por qué no tomar el mando y poner nosotros la música?

Sobre todo, ¿para qué correr tanto? ¿Es que necesitamos ser los primeros? ¿Por qué? ¿Para qué? Es mucho mejor pensar que estamos donde tenemos que estar y que, igualmente, mañana estaremos donde tengamos que estar, si acaso con el tiempo y a su debido momento. Basta de atropellarnos.

La vida no es ningún concurso (a menos que tú te empeñes en que lo sea). No se trata de hacerlo todo muy rápido. Tampoco el secreto está en hacerlo mejor que nadie. A veces, muchas veces, nos olvidamos de que lo que importa es disfrutar con lo que tenemos entre manos  y no que al final quede perfecto. ¿Te has planteado alguna vez pintar un cuadro? ¿No? ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que quede como un churro? ¿Y qué más da que quede como un churro? ¿Es que vas a montar una galería de arte? ¿No te das cuenta de que el gran secreto de la felicidad se encuentra en hacer y disfrutar, sin pensar en si el resultado final va a ser mejor o peor? Y, además, ¿quién cojones tiene potestad para decidir si es mejor o peor? ¿Mejor o peor que qué?

Todo es una cuestión latente de relatividad. Es posible que nunca lleguemos a ser los mejores pintores del mundo, pero también es altamente probable que pintar nos relaje, nos llene, nos descubra una parte de quiénes somos. Si nos ponemos a bailar una tarde en medio del salón de casa, tampoco ha de significar necesariamente que aspiremos a convertirnos en bailarines profesionales. O sí, quién sabe, pero no es esto lo realmente importante, no se trata de eso, no todo reside en conseguir metas o en lograr objetivos. Lo que verdaderamente importa es ser y hacer lo que apetezca hoy, y disfrutar con ello poniendo el corazón. Viajar deleitándonos con el paisaje y no solo fijando la atención en el destino o en el objetivo final.

Yo, por mi parte, y sirva esto como declaración de intenciones, renuncio a ser el que más rápido y el que mejor lo hace todo. Ya me he cansado Prefiero disfrutar. Que le den a este mundo lleno de agotadoras exigencias que alguna vez hice mías.

Qué alivio. Qué bien.

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