Perdóname

Perdón por todo lo que te he hecho durante todos estos años, por todo el daño que te he causado.

Perdón por no escucharte cuando más lo necesitabas, cuando me pedías por favor que te hiciera caso. Perdón por ignorar tus súplicas, por menospreciar tu llanto, por reírme de tu dolor, por no haberte creído. Perdón por todas las copas que te tiré encima, por las noches en que no te dejaba dormir dándote únicamente más desencanto que cosechar. Perdón por no haberte atendido, porque no te alimenté ni te cuidé como necesitabas, como sólo yo podía hacer. Perdón por haberte expuesto a situaciones terribles, indeseables, tristes.

Perdón por el rechazo, por las burlas, por haber sentido vergüenza de ti. Perdón por todos los años en que te he mantenido oculto y en silencio, con la boca cosida, sin permitirte hablar, sin dejarte expresar lo que tenías guardado dentro de ti. Perdón por haberte tapado con un disfraz, una careta, un personaje que pensé que era mejor que tú. Perdón por haberte gritado, por haberte menospreciado, por haberte pegado, por haberte maltratado.

Perdón por negarte el disfrute, el placer, la diversión, el juego, el canto, la esperanza. Perdón por sumirte en un estado de absoluta desesperación, por no confiar en ti, por juzgarte, por reprocharte, por exigirte, por castigarte, por sabotearte, por denigrarte, por humillarte, por inmovilizarte, por intentar destruirte.

Hoy me pido perdón porque ya me he cansado de hacerme daño, de ser mi propio verdugo.

Y me perdono.

Me lo debo

Me insultabais y yo me insultaba.

Me despreciabais y yo me despreciaba.

Me rechazabais y yo me rechazaba.

Os imité. Me puse de vuestra parte antes que de la mía. Fui vuestro espejo, uno que reflejaba el cuerpo completo, incluso por dentro. Era menos doloroso que admitir que vosotros, que debíais haberme querido y protegido, erais precisamente quienes más me estabais haciendo sufrir. No siempre las personas que supuestamente han de quererte te quieren.

Aprendí a tratarme del mismo modo en que me tratabais. Porque maltratarme era menos doloroso que admitir la verdad, que mirar hacia dentro y sentir la intensidad de la tristeza y del sufrimiento que ese otro yo (pequeño, menudo, indefenso, un niño) estaba sintiendo. Por lo que le estabais haciendo. Os di la razón y os dije que me lo merecía.

Ahora que he aprendido a enfocar correctamente por fin he logrado ver y ponerme de parte de ese otro yo (pequeño, menudo, indefenso, un niño). Y también he logrado veros a vosotros. Ahora todo es mucho más claro, desgarrador pero claro. Estoy cansado de justificaros. Me hicisteis mucho daño. Os di la razón y os dije que me lo merecía. Pero no era verdad.

No pienso volver a ser vuestro reflejo.

No voy a seguir encubriendo lo que me hicisteis ni voy a continuar con esta farsa.

No pienso volver a ser cómplice de vuestro secuestro.

Me lo debo.