Estoy vivo

Sólo yo sé exactamente de dónde vengo y el peso que adquieren este par de palabras dichas en voz alta. Porque yo, solamente yo, conozco con profundidad la textura, el sabor, el olor y los sonidos de las habitaciones que he visitado. Algunas eran frías, oscuras y desalentadoras. En otras había desiertos y escasez, mucha escasez. He estado en la guarida de todo tipo de monstruos. Y a veces, muchas veces, en el epicentro de toda esa vorágine de desolación, de ese túnel tan largo que pensé que no tenía salida, deseé morirme.

Pero ahora nada de eso importa, porque, a pesar de todo, contra todo pronóstico, aunque parezca increíble aquí estoy. Aproveché muy bien lo poco de lo que dispuse, hice malabares con algunos afectos y buenos momentos y me aferré a la esperanza, a la idea de que algún día todo podría ser distinto; tan distinto como lo es ahora.

Sobreviví. Menudo mérito tengo. Lo hice. Todavía respiro. Estoy vivo.

Más vivo que nunca. Empiezo a darme cuenta de ello. Y de que no es nada fácil acabar conmigo.

Estoy vivo. Y me alegro tanto, tanto, tanto…