2015-2016

Adiós 2015. Has sido un año muy completo: has estado lleno de una ingente cantidad de eventos internos y externos de muy diversa índole y calaña. No es que me queje; en absoluto. Me has traído risas, llantos, miedos, preocupaciones, ira, alegría, borracheras, emociones muy intensas, amor, amistad, apoyo, trabajo, sinceridad, serenidad y sobre todo madurez y crecimiento. En ocasiones, me has situado bien arriba y, como es natural, otras veces me has llevado hasta una zona ubicada más abajo de lo normal. He recordado dolores que estaban enterrados para sanarlos y convertirlos en aciertos que juegan a mi favor, que incluso pueden beneficiarme. He convertido el dolor en vida y lo que pensaba que me hacía más débil en un núcleo de inmensa fortaleza. Has sido un año realmente bello y muy auténtico, porque todo lo que he vivido ha sido de verdad e incluso el instante más doloroso ha merecido la pena. Me despido de ti con gratitud.

Hola, 2016. Bienvenido. No sé qué me deparas. En este momento únicamente puedo hacerme ilusiones y pedir deseos. No quiero abusar ni entregarme a empresas imposibles. Sólo quiero pedirte que pase lo que pase, traigas lo que traigas en tu haber, que haya espacio para escuchar música mientras camino por la calle y conectarme conmigo mismo y con el mundo, para los estallidos de risa inesperados que te hacen doblarte y llorar, para ese tipo de lágrimas que al desplomarse y resbalar por la mejilla te hacen sentir todo el cuerpo y estremecerte, para esas caricias que no esperan nada salvo disfrutar del momento, para las tardes de películas en el sofá con las manos entrelazadas, para las comidas y las copas con los mejores amigos del mundo, para bailar a lo loco y que todo dé igual, para cantar utilizando esa voz inesperada que aún tengo que explorar, para descubrir y dejar que me descubran, para la ternura hacia mí mismo y hacia los demás, para encontrar detalles nuevos que me sorprendan y que me hagan reflexionar y sonreír al mismo tiempo, para hacer bastante vida familiar, para viajar aunque sea a la vuelta de la esquina, para que todos los días sean de algún modo mi cumpleaños, para creer, para confiar en que todo está bien, para sentir que hasta los errores son aciertos. Para entenderme. Para estar aquí y disfrutar de lo que ocurre en cada momento. Para construir incluso con lo que más duele. Para deshacerme de lo que me queda de vergüenza y hacer lo que me dé la gana.

Para vivir mi vida a mi manera, como quiero yo. Para eso estamos aquí, ¿no?