Distinto

Hoy es un día distinto. Igual que todos los demás, que todos los que vendrán. Pero distinto.

Comprenderme a mí mismo ha sido un acto de valentía que no se ha producido en ninguno de esos momentos en los que me he mirado al espejo durante cinco segundos seguidos esperando encontrar una clave pseudomágica en la imagen del hombre que pensaba que era. Se ha tratado de una mirada continuada, de pequeños actos cotidianos que no aparecen en ninguna película, pero que son auténticas heroicidades mediante las cuales me he sumergido en las aguas y en las arenas que conforman las playas de mi cuerpo y de mi mente; de mi ser. Un ser al que tan a menudo he maltratado y magullado con mi indiferencia. Un día me miré aquí. Otro día me eché un vistazo allá. No he dejado de poner atención. Primero a los pensamientos. Luego a las cosas que me han ocurrido. Más tarde a las emociones. Hasta que en el instante menos esperado el trabajo al que me he entregado durante años ha cristalizado en una amalgama de sensaciones inhóspitas, siempre anheladas, echadas de menos sin haberlas experimentado nunca. O quizás sí, tal vez las experimenté hace mucho, mucho tiempo, como esos cuentos que únicamente me creía cuando era un niño muy, muy pequeño.

Hoy lloro, pero no es un llanto desgarrado. Es sólo la sensación de haber llegado a comprenderme y a respetarme tal y como soy, con mis más y con mis menos, con mis aptitudes y mis debilidades. Soy como ese árbol en medio del bosque que no se plantea si es mejor o peor que el árbol de al lado, si es más bonito o más feo, si es más alto o más bajo, si es más valiente o más cobarde o si da mejores frutos. Soy como ese árbol en medio del bosque que está contento, que está feliz, por, precisamente, saberse parte del bosque y existir. Sin más.

Hoy es un día distinto. Igual que todos los demás, que todos los que vendrán. Pero distinto. Porque hoy me quiero tal cual he sido, soy y seré.

Porque me perdono y me agradezco quien soy.

Porque hoy he recuperado la libertad.

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