Normal

Recientemente he descubierto que no soy ni tan bueno, ni tan simpático, ni tan comprensivo, ni tan agradable, ni tan estupendo, ni tan educado, ni tan correcto, ni tan chuli, ni tan interesante como yo creía. Esto, que a priori parece algo poco bello, es sin embargo una de las mejores cosas que me han sucedido últimamente. ¿Tú sabes lo agotador que es pasarte el día siendo bueno, simpático, comprensivo, agradable, estupendo, educado, correcto, chuli e interesante con absolutamente todo el mundo y en todas las situaciones que la vida te presenta?

Resulta que me he venido a topar con el lado oscuro, mi lado oscuro: esa parte de mí que a veces es maquiavélica y manipuladora, que piensa y dice maldades y tonterías, que es antipática, desagradable y olvidadiza, que se equivoca, que a ratos no tiene ganas de ser tan comprensiva y amable, que es perezosa, superficial, incorrecta y a veces hasta arrogante y cruel y que, en general, no es tan guay. Sé que no es algo que se deba admitir en voz alta, que la sabiduría popular nos insta a que enterremos esta zona nuestra, tan genuina como otra cualquiera, en lo más recóndito de nuestro ser y la ocultemos convenientemente bajo el barniz de lo políticamente correcto. ¡Oh, yo soy estupendo! ¡Oh, yo soy genial! ¡Qué interesante, cuéntame más! ¡Claro que sí, claro que sí! La cosa es que yo ya me he cansado de ser tan correcto y tan perfecto. 

Ahora me gusta más ser normal.

Ser normal es la capacidad de ser cualquier cosa. Quizás un día me levante simpático y de buen humor. Puede que una tarde esté enfadado con el mundo y me muestre desagradable e incluso borde. Es probable que un momento esté alegre y un poco más tarde triste. A lo mejor no te sonrío porque me caes mal. Cabe la posibilidad de que me moleste lo que dices y te lo haga saber. Puede que discuta porque no estoy de acuerdo. Puedo equivocarme. Puedo equivocarme y no pasa nada. Puedo vivir con los errores. Resulta que hasta se aprende más y se vive mejor cometiendo algún que otro error de vez en cuando. Puedo dudar. De mí, de ti, de esto, de aquello. Puedo no querer hacer lo que tú quieres que haga. Puedo sonreír, llorar, gritar, mearme de la risa porque sí. Puedo sentir lo que verdaderamente siento y no lo que me digo o me dicen que debo sentir. Puedo serlo todo. Puedo ser lo que me dé la gana, lo que me vaya saliendo del alma en cada instante. 

No está nada mal ser normal. Es más real. Es más humano. Más yo mismo que cualquier cosa que haya sido antes.

 

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